Dos conciertos de Nuova Harmonia



Dos conciertos de la temporada 2019 de Nuova Harmonia.

 

Por Pablo Bardin.

 

El año pasado hubo en el abono un concierto de violín y piano  con artistas italianos; este año también lo hubo. No son conocidos aquí, debutaron, pero hace muchos años que trabajan juntos, probablemente con  un repertorio bastante fuera de lo común como el que trajeron a nuestra ciudad. Francesco D´Orazio (violín) y Giampaolo Nuti (piano) en efecto innovaron, pero casi sin vanguardia; dos de las obras, la primera y la última, son de repertorio del siglo XX: la Suite Italiana de Stravinsky y la Segunda sonata de Ravel. Las otras cuatro obras nunca las escuché en vivo, quizá fueron primeras audiciones: “Dos piezas” de Luciano Berio, “Improvviso ´Un diavolo sentimentale” de Nino Rota, “Road Movies” de John Adams y “Graceful Ghost Rag” de William Bolcom. Se agradece la ocasión de conocerlas, valen la pena. El concierto tuvo lugar en el Coliseo el 24 de mayo.

    Leyendo el currículum de D´Orazio sorprende que aquí no lo conozcamos y me incluyo: en particular es impresionante la cantidad de conciertos para violín y orquesta que estrenó, italianos y extranjeros. Y fue solista con orquestas famosas, como la London Symphony, la BBC Symphony, la Accademia di Santa Cecilia (¡es increíble que la “biografía” del programa incluya a orquestas italianas en inglés!; ello demuestra que todo proviene de agencias británicas o de Estados Unidos o las hacen en inglés en Italia). Vale la pena mencionar su larga asociación con Luciano Berio. Giampaolo Nuti es florentino (D´Orazio, de Bari), con formación en piano, clave, música electrónica y dirección. Si bien interpreta los conciertos tradicionales, ha demostrado especial interés por los del siglo XX. Con D´Orazio grabó  Schnittke, Busoni, Ravel, Rota y Berio. También, para el sello Stradivarius música de Barber, incluso algunas obras en primera grabación.

    En suma, son dos artistas inquietos y renovadores. En cuanto a D´Orazio, a mí me sucede que me importa mucho el timbre de un violinista, más allá de su habilidad técnica, y encuentro que el de D´Orazio me resulta algo seco, sin redondez. Fuera de ello, es un intérprete seguro y con especial empatía con lo jazzístico o con la moderada vanguardia de las piezas de Berio. En cuanto a Nuti, toca impecablemente, con especial énfasis en el ritmo, y está muy bien coordinado con el violinista.

    La Suite italiana de Stravinsky nació por practicidad; se basa en fragmentos de su magnífico ballet neoclásico “Pulcinella” de 1919 y salvo el Scherzino, todo proviene de la suite del ballet. El compositor era buen pianista y con el violinista Samuel Dushkin hizo una gira por Estados Unidos en 1933 donde la incluyó (también hay una versión alternativa para violoncelo y piano). No voy a negarlo, me gusta mucho más la versión para orquesta de cámara, con su tan imaginativa orquestación y posibilidad de rellenos y contracantos; de todas maneras, es una obra que trasmuta Pergolesi (y pseudo-Pergolesi) de manera muy personal e inteligente; la Serenata  y la Gavotta con dos variaciones permiten cantabilidad, la Tarantella y el Scherzino, brillantez.

    Los “Due pezzi” de Berio son obra temprana y el autor reconoce la influencia de Dallapiccola en forma ambigua: “yo entré dentro del universo ´melódico´ de Dallapiccola, pero a la vez ellas (las melodías) me permitieron escapar de él”. Dato interesante de las notas de programa de Carlos Singer: “compuestas en 1951 y revisadas en 1968, las ´Due pezzi´ fueron estrenadas en el festival de Tanglewood por el artista al que están dedicadas, Lorin Maazel”. En efecto, Maazel también fue violinista, y su interés en Berio quedó demostrado como director cuando después estrenó la  ópera “Un Re in ascolto” en el Festival de Salzburgo. Hay mucho del melodismo “a la Dallapiccola” en la primera pieza, “Calmo”, y el “Quasi allegro, alla marcia” en cambio parece más abrupto y experimental.

    Nino Rota es conocido ante todo por la música que compuso para las películas de Fellini, con su tono agridulce característico. Aunque compuso muchas más para otros cineastas (¡un total de 150 incluso las de Fellini!), Rota también escribió óperas y obras de cámara u orquestales. El “Improvviso” (la “Improvisación”) denominado sarcásticamente “Un diablo sentimental”, está bien descripto por Singer: “página muy ágil y vivaz, de incesante, vertiginosa movilidad pero que no desdeña algún momento más tierno”.

    John Adams es uno de los mejores minimalistas y a él se le deben óperas como “Nixon in China” o “Dr.Atomic”. Las “Road Movies” (“Películas de carretera”) datan de 1995; fueron comisionadas por la Library of Congress de Washington D.C., cuya pequeña sala de concierto ofrece música de cámara de alto nivel (cuando yo viví en esa ciudad tenían como cuarteto en residencia al famoso Budapest). Los títulos de dos de las tres piezas son jazzísticos: “Relaxed groove” (“Groove relajado”; “groove” es una palabra difícil de traducir pero se refiere a aquel que siente el jazz de un modo muy instintivo) y “40% swing”; ambas son “músicas de viaje” con ritmos balanceantes o movidos. La del medio, “Meditativo”, tiene aire de blues y es muy grata. Los intérpretes se sintieron  cómodos en esta música tan americana.

    William Bolcom tiene mi edad (80) y está muy ligado a diversos tipos de jazz o de pre-jazz, como podría llamarse al rag, ese estilo que también atrajo a Stravinsky. “Graceful ghost rag” (“El rag del fantasma agraciado”) es su rag  más difundido. Singer: “existen docenas de versiones”; en este concierto se escuchó “un arreglo realizado en 1983 que añade material al original pianístico”; “su carácter evoca una melancólica tristeza directamente relacionada con su fuente de inspiración, el padre de Bolcom”. Se conoce poco de Bolcom aquí, salvo “la banda sonora de ´El Golpe´”. Pero escribió óperas, diez sinfonías, conciertos, “música para piano y un vasto número de canciones”. Me resultó muy atrayente este rag, admirablemente captado por los artistas. Agrego que hubo una versión anterior  dentro de “Three ghost rags”, 1970-71; “Graceful ghost “, “Poltergeist” y “Dream shadows” (“Sombras ensoñadas”).

    La Segunda Sonata de Ravel (la Primera es obra muy de juventud y raramente tocada) es una obra maestra de difícil gestación, ya que la escribió entre 1922 y 1927; la estrenaron Enescu y el propio Ravel. El compositor consideraba incompatibles a los dos instrumentos: “lejos de tratar de equilibrar sus diferencias, yo enfaticé esa incompatibilidad mediante su independencia”. En efecto, el Allegretto inicial contrasta motivos tocados por un instrumento con los del otro. El siguiente Blues (Moderato) tiene un encanto particular y es bitonal. Y el Allegro final es un endiablado Perpetuum Mobile del  violín mientras que el piano añade un contramotivo con ideas del primer movimiento. Muy buena versión por parte de ambos artistas.

    En las piezas extras fueron generosos más allá del buen aplauso y completamente crossover  y jazzeros en las primeras dos: versiones de salón de dos joyas de grandes jazzmen: “AH-LEU-CHA” de Charlie Parker y “Sophisticated Lady” de Ellington. Pero volvieron al final a un gran compositor italiano de vanguardia con “Per Caterina” de Bruno Maderna.  Un interesante concierto en verdad.

   


 

ORQUESTA DE  CÁMARA KIEV VIRTUOSI

    Ante todo, nuevamente se llama orquesta de cámara a lo que es una orquesta de cuerdas; el primer apelativo incluye vientos y a veces percusión.  Este grupo es muy nuevo, data de 2016; fue creado por Dimitri Yablonsky con los mejores músicos ucranianos, ganadores de varios premios internacionales. Curiosamente quien la fundó es moscovita; tiene una importante carrera como violoncelista y director de orquesta.

    El programa fue cambiado; se mantuvieron dos obras, “Adagio y fuga” de Mozart y la Sinfonía Nº 10 para cuerdas de Mendelssohn, pero el Concierto Nº 2 para violoncelo de Haydn fue sustituido por el Concierto para violoncelo de Henri-Gustave Casadesus. Y en la Segunda Parte, el Cuarteto Nº 14, “La muerte y la doncella”, de Schubert, en su adaptación para orquesta de cuerdas (probablemente la de Mahler) fue sustituido por dos obras: el estreno de “Seascapes” del ucraniano Alexei Shor, y la Suite Holberg de Grieg.

    La primera obra fue muy discutida; su autor real fue Henri-Gustave Casadesus, pero se pretendió que lo fuera Johann Christian Bach. Lo tengo grabado en un viejo vinilo por Joseph Schuster y Franz Waxman dirigiendo la Filarmónica de Los Angeles. El estilo no suena para nada a Johann Christian, gran creador del rococó, y más bien se parece a Carl Philip Emmanuel, mucho más moderno para la época en su segunda etapa creadora. Pero sigue siendo un típico ejemplo de cómo en el temprano siglo XX se conceptuaba la música del Barroco tardío o del primer clasicismo (lo mismo vale para las obras “al estilo de” escritas por Fritz Kreisler). No está mal hecho y permite al solista lucirse en los movimientos rápidos y cantar en el intermedio con una bastante buena melodía, pero creo que es hora de dejar atrás estos remedos. Yablonsky, alto y muy ancho, es sin duda un violoncelista de jerarquía  y de gran experiencia; lástima que no eligió algo de mayor calidad, puesto que después no tocó.

    No hace mucho me referí al “Adagio y fuga” de Mozart en su versión para cuarteto (la tocó el Petrus); ahora se escuchó en conjunto de cuerdas; más allá de mayor densidad y el agregado de contrabajos que meramente doblan a los violoncelos, la obra conserva su admirable esencia. Por un lado la avanzada armonía del Adagio, por otro la asimilación del contrapunto bachiano en la Fuga. Una buena ejecución permitió comprobar el profesionalismo del grupo, que no es muy grande (algo más de 20 ejecutantes).

    Mendelssohn, en un alarde de talento precoz, escribió 12  Sinfonías para cuerdas entre los 11 y los 15 años; la Nº 10, en tres breves movimientos tocados sin solución de continuidad, es de las mejores y ya en ellas se adivina al Mendelssohn adulto. Aquí los Virtuosi de Kiev estuvieron notables y la dirección me pareció bien orientada.  

    Después del intervalo tuvimos otro solista: el violinista Hayk Kazazyan, armenio vigoroso y flaco, de muy buena técnica y energía, tocó una obra de un armenio residente en Estados Unidos, Alexei Shor; los cuatro movimientos de “Seascapes” (“Paisajes marinos”) equivalen a un concierto poemático romántico; liviano, podría haberse escrito hace un siglo, pero se deja escuchar con facilidad. La obra fluye con bastantes elementos virtuosísticos, muy bien aprovechados por el violinista, y Shor sabe dar colorido pese a la limitación de sólo cuerdas. Fueron sus partes: “Abandoned Lighthouse” (“Faro abandonado”), “Lonely Sail” (“Vela en soledad”)), “Gathering Storm” (“Tormenta en ciernes”) y “Summer Hall” (“Sala de Verano”); la música reflejó parcialmente estos títulos. Seguramente fue una primera audición.

    El concierto culminó con una muy grata y solvente interpretación de esa Suite de los tiempos de Holberg, en la que Edvard Grieg rindió homenaje al favorito dramaturgo del barroco noruego, con movimientos que en parte siguen las danzas de época y en parte añaden elementos bien noruegos.

    Yablonsky, muy acostumbrado a los Estados Unidos, donde pasa buena parte de su vida, rindió homenaje  en la primera pieza fuera de programa al mejor representante de la música crossover, Leroy Anderson, con ese vertiginoso “Fiddle-faddle”, rápido, melódico y rítmico. Y luego, una rapidísima versión de “El vuelo del moscardón” de “El Zar Saltán” de Rinsky-Korsakov, en una adaptación para cuerdas. Así los brillantes músicos se despidieron dando alegría a los oyentes. En la obra de Rimsky el director los dejó tocar solos en un alarde de showman.

 




Ver todo con la misma etiqueta

Ver todo el blog


La Grand Opéra confinada entre muros de ladrillo
Reseñas

La Grand Opéra confinada entre muros de ladrillo

La producción presentada en estos días en el Real es originaria de Frankfürt (2007), de muy escaso mérito y algún que otro capricho inexplicable de “regista” David McVicar, muy activo en la English National Opera de Londres, como es el cambiar completamente el final en el cual un soldado mata con una espada a “Don Carlo” y el monje que representa el espectro de Carlos V haga lo que quisieron Verdi y sus libretistas que hiciera: salvar al nieto del Sumo Emperador.

Reposición de Don Carlo de Verdi en el Teatro Real de Madrid
Reseñas

Reposición de Don Carlo de Verdi en el Teatro Real de Madrid

La historia de Don Carlo, heredero de Felipe II fallido, defenestrado escaleras abajo, supuesto deficiente, perdidamente enamorado de su finalmente madrastra Isabel de Valois, la reina, parece prefigurar muchos siglos después el suicido (¿asesinato?) de Rodolfo de Habsburgo en Mayerling. ¿Fueron estos hechos luctuosos parte de una conspiración al más alto nivel porque no se los consideraba aptos para reinar? La pregunta atraviesa los siglos, la historia y sigue repitiéndose como un eco interminable en el aire. Europa es así…

Don Pasquale, una puesta que enaltece los talentos del elenco
Reseñas

Don Pasquale, una puesta que enaltece los talentos del elenco

En esta temporada la ópera bufa belcantista está representada por el éxito que puso fin a su género. La función estuvo dedicada al escenógrafo Juan Carlos Grecco y contó con un elenco privilegiado. Cumplió con las exigencias del estilo bel canto, adecuado al carácter de cada personaje y con una interpretación siempre irónica.

NUESTRO PROYECTO

La principal función de MusicaClasicaBA es fomentar la interacción entre músicos, agentes del sector público y privado y el público en general, permitiendo afianzar los lazos culturales y artísticos de nuestra región.

Galería