La Academia Bach reanuda su gran tarea de difusión



PH: Marcelo Lombardi

Hay pocos casos de tesón extendido en el tiempo como el de Mario Videla; ex sobre todo se me ocurren los nombres de Jeannette Arata de Erize y Gisela Timmermann en el Mozarteum. La de este año es la temporada Nº 37 de la Academia Bach de Buenos Aires. Desde que lamentablemente habo que interrumpir la actividad de su “madre”, Festivales Musicales de Buenos Aires, Videla logró seguir en estos últimos años habiendo creado la Asociación Academia J. S. Bach.

Por Pablo Bardin.

 

Si bien se notó y se nota cierta apretura económica, la programación continuó siendo interesante y novedosa, con muchas primeras audiciones y notables artistas. Varias cosas quedaron firmes: que al menos algunos de los conciertos se hagan en una de las mejores acústicas de la ciudad, la Iglesia Metodista Central (Rivadavia 4050);  que se sigan estrenando cantatas año tras año; que explique en detalle las obras, con la colaboración de los artistas. Y como siempre, por algo es Academia, haciendo cantar al público, generalmente algún coral; y seguir las pautas de la Academia madre, la de Stuttgart que fue durante tantos años de Helmut  Rilling, con quien Videla tuvo una amistad entrañable.  Claro está que ya desde muy joven colaboró en las exitosas temporadas de Karl Richter en Amigos de la Música. En su triple condición de conferencista, intérprete de teclado (clave, órgano, hasta clavicordio) y director tanto de grupos chicos como de la orquesta bachiana más amplia en las Pasiones, el Oratorio de Navidad, la Misa en re menor y algunas cantatas extensas que requerían el Colón, nadie hizo más para difundir la obra de Bach; incluso también con buen número de grabaciones. Ahora septuagenario, sigue firme en la brecha, y habría que agregar esa audición radial de las cantatas de Bach que sigue manteniendo tras 22 años. Y no hay que olvidar su actualización a través de viajes europeos conectados con la Neue Bach Gesellschaft. Como Rilling, es un historicista moderado, sin intento de hacer las cantatas tal como las estrenó Bach; y esto es particularmente notable en cuanto a los solistas, ya que no cantan niños sopranos ni niños contraltos, y las cuerdas no son de tripa.

            Cada año el ciclo tiene un nombre distinto; esta vez es “Bach-Vivaldi y el gusto italiano”, con  autores que figuraron en la biblioteca personal de Bach. Este artículo tiene tres partes: el comentario sobre el primer concierto; la programación anual; y una crítica sobre el tercero y último de conciertos presentados en iglesias, gratis, con el auspicio de Mecenazgo.

            La primera obra no por conocida dejó de ser un placer: el Concierto  en re menor para oboe, cuerdas y continuo de Alessandro Marcello es de los más tocados y con razón: es música noble, bella y atrayente. Forma parte de los Concerti a cinque editados por Jeanne Roger en Amsterdam, en 1716. Un dato significativo: el Adagio fue ejecutado con algunos ornamentos añadidos por Bach. Andrés Spiller, integrante desde hace tantas temporadas de los Solistas de la Academia Bach, pasados los 70 años sigue manteniendo tanto una técnica perfecta como un sentido del estilo que es privilegio de los verdaderos artistas, más allá de un oficio muy desarrollado. Fue muy bien secundado por los otros miembros, que merecen ser mencionados pos su gran nivel y en su mayoría veteranos de la Academia: el propio Videla en órgano de cámara y dirección; los violinistas Pablo Saraví y Gabriel Pinette; la violista Marcela Magin (casada con Spiller); en violoncelo José Araujo (más reciente) y el contrabajista Fernando Fieiras.

            La siguiente obra fue un muy buen ejemplo del estilo sacro de Vivaldi: su “Stabat Mater” en 9 concisos movimientos (19 minutos), RV 621 (editado en Brescia, 1712). Permitió escuchar a una italiana radicada aquí desde hace unos años, Mattea Musso; el coro fue Periferia Vocal, dirigido por Pablo Piccinni, creado en el año 2000. Buena idea: la traducción al castellano en el programa ¡es de Lope de Vega!  Se alternan el coro y la solista en la expresión del texto de Jacopone da Todi que refleja la tristeza de la Virgen ante la muerte de su Hijo en música intensa y expresiva, mayormente lenta. Musso impresionó muy bien, tanto por la calidad de su voz como por su sentido dramático y comprensión del Barroco; y el coro, que ha intervenido otras veces en los conciertos de la Academia, es un conjunto de gente joven bien formada, con firmes voces,  dirigida con tino y conocimiento.

            Luego se escucharon obras de Bach en 1ª audición. Generalmente estos programas terminan con una cantata, pero esta vez no fue así. Primero escuchamos la Cantata Nº 48, “Ich, elender Mensch, wer wird mich erlösen“ (“Yo mísero hombre, quién me librará”) y luego el motete “Der Gerechte kömmt um” (“El justo perece”), sin número BWV, recientemente descubierto. El libreto de la Cantata es anónimo; Bach la escribió en 1723 en Leipzig para el Domingo 19º después de Trinidad. La joya de la obra es el Coro con coral del principio, de 138 compases, en sol menor, con un muy breve texto: “Yo mísero hombre, ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?”  Ante todo porque añade una trompeta tocando el coral mientras el compositor imagina músicas distintas para el oboe, para las cuerdas y para el bajo continuo, y a todas estas texturas, tras una introducción de pasmosa inventiva, se agrega el coro. Luego,  un recitativo corto pero de mucho texto para mezzosoprano, cuerdas y bajo continuo;  dice: “El mundo es una morada de dolor y muerte” y “cuando el alma saborea la amargura del cáliz de la cruz, entonces este cáliz arranca un gemido del alma”. Sigue un breve coral con todos los instrumentos. El aria de la mezzosoprano es muy valiosa, con el oboe obbligato introduciendo la melodía que  acompañará a la cantante en otro sombrío texto  durante los 95 compases: ”Que la Sodoma de los pecaminosos sea destruida”. En cambio, tanto el recitativo como la corta aria del tenor tienen textos positivos: “Él (Jesús) puede a los débiles de espíritu sanar el cuerpo y fortalecer el alma” (recitativo) y “Perdona, Jesús, mis pecados, y serán sanos cuerpo y alma” (aria), de melodía más liviana, sin profundizar. El Coral que cierra la obra tiene en el acompañamiento el vital agregado de la trompeta para dar mayor color al texto: “Señor Jesucristo, único consuelo, a ti quiero volverme”.

            El punto más fuerte de la interpretación estuvo en el grupo instrumental, donde todos supieron dar el exacto fraseo y la calidad tímbrica que la música requería, con especiales aportes de Spiller y del trompetista Valentín Garvié. Un cuidado trabajo del coro dio fuerza y variedad a los minutos iniciales. Los solistas estuvieron correctos; sin embargo a Musso la encontré un poco incómoda con el alemán, aunque siempre fue musical; y al tenor Hugo Ponce, que el año pasado obtuvo en otra cantata un muy buen resultado, lo encontré esta vez menos timbrado, quizá porque la música que le tocó fue más superficial.   

            Johann Kuhnau fue un sólido compositor que ejerció  en Leipzig justo antes que Bach el mismo cargo, Kantor de Santo Tomás. El motete bachiano está basado en el de su antecesor, “Tristis est anima mea”, y es un pasticcio de 5 minutos y medio con citas de Telemann, Graun, Altnikol y de un Oficio de tinieblas del Jueves Santo; además Bach agregó los instrumentos. Videla nos hizo escuchar antes el de Kuhnau para comparar; ahora ya hay grabaciones del de Bach. Una rareza digna de conocerse, bien interpretada por el coro y todos los instrumentistas.

 

 

                 


           

He aquí una síntesis del resto de la temporada.

            II) 11 de Mayo, 18 hs, Iglesia San Juan Bautista (Alsina y Piedras). Graciela Oddone, soprano; Gustavo Gargiulo, corneto; Mario Videla, órgano. Obras de Frescobaldi, Bach, Bassani, Vivaldi/Bach, Fontana y Rosenmüller.

            III) Turno A: 1º de junio, 18 hs; Turno B: 2 de junio, 18 hs; Biblioteca del Convento, Alsina 824. Mattea Musso, mezzosoprano; Federico Ciancio, espineta y arpa; Gabriela Massun Sovic, violoncelo barroco; comentarios de Videla. “Venezia sede di musica”: obras de Frescobaldi, Legrenzi, Strozzi, Bach, Vivaldi, Schmelzer y Merula.

            E) (según la fecha debería ser D): 11 de junio, 19,45 hs (entrada libre); Santuario de Jesús Sacramentado, Corrientes 4433. Coro de niños Collegium Iuvenum Stuttgart (Michael Chulo).  Obras de Bruckner, Distler, Duruflé, Hassler, Di Lasso, Mendelssohn, Schütz y autores contemporáneos.

            D) (según la fecha debería ser E): 6 de Julio, 18 hs; Auditorio Fundación Beethoven, Santa Fe 1452. “Vivaldi y la ópera”: “Montezuma”, RV 723, libreto de Girolamo Alvise Giusti; estreno: Teatro Sant´Angelo, Venecia, 1733. Disertación con proyecciones en video a cargo de Mario Videla.

             IV) 10 de agosto, 18 hs; Iglesia Metodista Central, Rivadavia 4050. Soledad de la Rosa, soprano; instrumentistas: Pablo Saraví, Gabriel Pinette, Marcela Magin, José Araujo, Fernando Fieiras. Vivaldi: Conciertos para 2 violines, viola d´amore, violoncelo; “Laudate pueri Dominum”, RV 600 (Salmo 12).

V) 14 de septiembre, 18 hs; Catedral Anglicana, 25 de Mayo 256. Imaginario Barroco (María Laura Wirth, flauta dulce; Marisa Schmidt, oboe y oboe d´amore barroco; Hermann Schreiner, violoncelo barroco; Alejandro Cattaneo, clave). Vivaldi: Sonata en sol menor, “Il pastor Fido”, Op.13; Sonata en mi menor, RV 40; Trio sonata en sol menor, RV 103; Bach: Toccata en do menor, BWV 911; Trio Sonata en re menor, BWV 527. 

VI) 19 de octubre, 18 hs; Iglesia Metodista Central. GCC-Grupo de Canto Coral (Néstor Andrenacci); Solistas de la Academia Bach: los habituales más Soledad de la Rosa y en trompeta Federico Ciancio; órgano, dirección y comentarios: Videla. Bach: Cantata BWV  51, “Jauchzet Gott in allen Landen”; Vivaldi: Gloria en re mayor, RV 589 (reconstrucción de la versión original en La Pietà, Venecia). Aclaración: es el Gloria famoso; hay otro, RV 588.

                      ************

 

                        El ciclo “Cantatas sacras para meditar”, 3 conciertos en Abril con entrada libre, figuró anunciado en el programa de mano pero sin dar datos con respecto a las obras. Tuvo lugar en el Santuario de Jesús Sacramentado el 11 a las 19,45; en la Basílica San Antonio de Padua, el 14 a las 16,30, Lincoln 3751; y el 28, a las 16,45, en la Parroquia San Benito Abad, Villanueva y Maure. Lo presentó la Academia Bach pero dentro del cuadro de Mecenazgo Cultural. Tampoco se aclararon los intérpretes, aunque obviamente fueron de la Academia.  Lamenté la escasez de  datos pero presumí que luego serían enviados por mail, recibí información del tercero y último, y allí fui.  Lástima, porque hubiera podido asistir a los otros dos.

                        Hace 15 años que existe el Ciclo Música Sacra San Benito Clásico; éste fue el concierto inauguración. El edificio es bellísimo y digno de conocerse; pero la acústica es desastrosa, con una reverberación enorme que arruina la música  salvo que se toque o cante muy pianissimo y en tesitura grave. Presentó el párroco, no Videla, que no comentó las obras. Los solistas de la Academia fueron los habituales, y cantó Soledad de la Rosa dos de las varias cantatas bachianas para soprano (ella también figura como solista de la Academia). Como la participación coral se limita al coral final de la Cantata Nº 52, se agregaron dos fragmentos de motetes de Bach.  Las cantatas están numeradas no por cronología sino de acuerdo a cómo fueron editadas por la Bach Gesellschaft; así, la Cantata BWV, “Mein Herz schwimmt im Blut” (“Mi corazón está bañado en sangre”), data del período de Weimar (en esa etapa Bach creó 20 cantatas), mientras que la Cantata BWV 52, “Falsche Welt, dir trau ich nicht” (“Mundo falso, en ti no confío) es de la gran época de Leipzig. Los textos son pietistas y negativos, pero la música es con frecuencia admirable. La 199 es una sucesión de 8 recitativos y arias, salvo la sexta pieza, que es un coral, pero cantado por la soprano sin coro. Dura unos 22 minutos y sólo la última pieza sale del clima dolorido y culpable, aunque la belleza de muchos momentos es compensatoria. La Nº 52 es mucho más corta, unos 13 minutos, con sólo seis números, pero el primero es una breve y atrayente sinfonía lenta; 2-3 y 4-5 son recitativo y aria, de escritura bastante florida; y como mencioné la obra concluye con un coral. En ambas obras hay solos de oboe tocados con la calidad que se le conoce por Andrés Spiller. Bien conozco la seguridad y la voz de Soledad de la Rosa y no es su culpa si esta vez sonó estridente cuando la tesitura subía y que la línea melódica resultara distorsionada.

                        El curiosamente llamado Coro de Garage consiste de 16 voces jóvenes de aceptable nivel dirigidas con entusiasmo por  Demián Sielecki. Los fragmentos de motetes fueron: “Gute Nacht, o Wesen” (“Adiós, oh vanidad”), de “Jesu meine Freude”, BWV 227; y “Denn seine Gnade und Wahrheit” (“Pues su gracia y su verdad es eterna, Aleluia”), de “Lobet den Herrn” (“Alabad al Señor”), BWV 230.

                        Videla no pudo con su tendencia académica e hizo que la gente coreara una melodía de Louis Bourgeois (1551) bastante similar a un coral.




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