La Juvenil San Martín cumple 25 años y está en pleno



Qué alegría y qué “tour de force” llegar a los 25 años de la Orquesta Juvenil Nacional José de San Martín, fundada por Mario Benzecry, que la sigue dirigiendo gallardamente a los 81 años. Benzecry estuvo ligado durante largos años previos a la vida musical venezolana y allí conoció admirado el método de José Antonio Abreu, esa pirámide de orquestas infantiles y juveniles que llegaba a su cima con la Simón Bolívar que aquí conocimos con un Dudamel joven y produjo fuerte impacto.

 

Por Pablo Bardin.

 

Por algo tanto Rattle como Abbado consideraban que de allí provenía la renovación de las orquestas mundiales. Y bien, como contó Benzecry haciendo un resumen de lo ocurrido, Abreu lo incitó a fundar un método semejante en Argentina; meses después asistió a un primer concierto, iniciando Benzecry un difícil y áspero camino de veinte años sin respaldo del Estado y con escaso mecenazgo. Pero lentamente la semilla se fue expandiendo y décadas después se ha llegado a una red de orquestas infanto-juveniles y juveniles, liderada por Benzecry pero también por el tesón y la empatía de Valeria Atela en Chascomús. Y a no olvidar aquellas que fuera del método Abreu crecieron como la Juvenil del ISA, o recordar las que antes existieron, como esa Juvenil de LRA que dirigieron Fuchs y Gianneo.

Gradualmente la Orquesta fue creciendo; sencillamente porque el Aula Magna de la Facultad de Derecho, pese a su muy resonante acústica, tuvo una época de oro mientras existió la Orquesta de Radio del Estado (ahora Nacional), fructificó la idea de Benzecry de volver a utilizarla como sala de conciertos sinfónicos, y pasó a presentar la Juvenil el primer lunes de cada mes en temporada; en las siguientes semanas otras orquestas y bandas tocan allí hasta la actualidad; era y es en realidad la única sala que se puede tener gratis (salvo la de la Bolsa de Comercio, de menor capacidad, usada esporádicamente por la Sinfónica Nacional). Siete años atrás fue finalmente una Orquesta apoyada por el Estado, aunque inicialmente dependió no de Cultura, que era lo lógico, sino de Bienestar Social; con el cambio de Gobierno hubo una incómoda etapa de traspaso a Cultura, con problemas burocráticos y presupuestarios. Actualmente depende de Alejandro Pablo Avelluto, Secretario de Gobierno de Cultura, que a su vez depende del Ministro Alejandro Finocchiaro (que también abarca Educación, Ciencia y Tecnología). Un aspecto muy importante es la existencia de un Cuerpo de Profesores con relevantes figuras de otras orquestas, enseñando a los jóvenes por secciones: cuerdas (a su vez divididas), maderas, metales y percusión. La orquesta es grande: 105 ejecutantes; y para este programa, dos refuerzos en clarinete bajo y corno inglés. Desde hace varias temporadas los conciertos se ofrecen el primer sábado a las 18 hs en la Facultad y el domingo inmediato a las 11,30 generalmente en la Sala Sinfónica del CCK (alguna vez en la Sala Argentina); pero en el especial caso de este programa se agregó una repetición en la Facultad el martes siguiente, aprovechando así la preparación de una obra seminal como “La Consagración de la Primavera” de Stravinsky.

Para los interesados en cuestiones de escalafón, ahora Hernán Lombardi tiene su puesto así denominado: Secretario de Gobierno del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos. Y de modo confuso, figuran debajo de Avelluto Andrés Gribnicow, Secretario de Cultura y Creatividad (¿qué implica esto? Un Secretario no puede depender de un Secretario) y Juan Manuel Urraco Crespo, Director Nacional de Formación Cultural; a su vez, ¿qué relación tiene ese cargo con la Juvenil? A mi parecer, estos cargos no son claros y complican cuando la Orquesta debe hacer algún trámite interno.

La presentación que hizo Benzecry tuvo tres partes: la ya mencionada síntesis de la historia de la Juvenil; luego agradeció e hizo que pasaran a saludar a la Directora adjunta María Clara Marco Fernández, a los Directores Asistentes Agustín Montali y Agustín Tocali y al encargado de Archivo y Copista Tomás Cabado; por último, breve referencias a las obras (por supuesto, ningún programa en el CCK tiene comentarios…).

Como siempre hace, inició el programa con una obra argentina; en este caso la “Gagliarda Hispánica” de Juan Francisco Giacobbe (1907-90). Tuve el privilegio de ser su alumno en la Facultad de Música de la UCA y fue un extraordinario Profesor de Historia de la Música Antigua y Renacentista, no sólo erudito sino comunicativo y profundo. Católico ferviente, compuso 15 misas polifónicas y varias obras corales; pero también 5 cuartetos y 5 óperas. Escribió poco para orquesta, pero esta “Gagliarda Hispánica está muy lograda en su clara orquestación y en su estructura ABA, donde el tema de gagliarda, bien ritmado, alterna con otro de distinto carácter. Ya aquí pudo apreciarse la disciplina, buena afinación y concentración de los jóvenes ejecutantes (de paso, es una orquesta con un considerable porcentaje de mujeres y esto es positivo: sólo importa la calidad y debe ganar el mejor, o la mejor, en los concursos).

Siguió una obra magna: el Concierto para violín de Brahms, para muchos el más importante de la Historia. Aunque en tres movimientos, es muy extenso y tiene todas las características brahmsianas: armonía rica, orquestación densa, admirable manejo de las formas tradicionales, melodías variadas con abundante imaginación. Y en la parte solista, los consejos de su amigo Joachim, lo cual implica grandes dificultades pero al alcance de un virtuoso. Sólo que el ejecutante además debe (como en sus conciertos para piano) aportar un gran conocimiento estructural. Sólo se me ocurre como paralelo el arduo Concierto de Elgar, valioso aunque algo discursivo.

Fue solista Leandro Hauxwell, que a 20 años (o 19, el programa dice nacido en 1999) ya tiene varios hitos en su carrera. A los 11 fue guía de segundos violines de la Juvenil cuando era más niño que adolescente; estudió en el ISA del Colón desde los 14 años; asistió a clases de Mintz e Inchausti. Entre otros premios, está el de la Shlomo Mintz International Violin Competition de Beijing; participó en festivales en Brasil y Alemania y en el Programa de Jóvenes Artistas del National Arts Centre de Ottawa (Canadá). Fue solista en varias orquestas nuestras, incluso la Sinfónica Nacional, en Gli Archi del Maderna y en la Juvenil de Perú; actualmente, pese a la madurez de su técnica, estudia con Rafael Gintoli en su afán de perfeccionamiento (casualmente me crucé con él en el ascensor; tengo gran respeto por la pureza técnica de Gintoli). No había visto a Hauxwell en concierto, pero escuché por radio una notable versión suya de la Sonata “Kreutzer” de Beethoven con el pianista Friedman tomada de un Concierto de Mediodía del Mozarteum del año pasado, y ambos me impresionaron muy positivamente.

Tras escuchar el concierto de Brahms llegué a dos conclusiones: que Hauxwell tiene grandes cualidades técnicas y musicales pero que su sonido es más bien camarístico y que hubiera estado más cómodo en Mozart, Beethoven y Mendelssohn; incluso en pasajes donde la orquesta no predominaba la calidad de su timbre fue indudable pero el volumen era algo parco y a veces quedaba tapado. Por otra parte la Juvenil toca con energía, y Benzecry, buen conocedor de la obra, se atiene a lo indicado por Brahms, que a veces lleva la orquesta al fortissimo. Por ello lo más convincente fue el movimiento lento, aunque hubo muchos momentos buenos del solista en los otros dos. Brilló cuando agregó con impecable articulación y afinación un capricho de Paganini, creo que el Nº 5. Fue ovacionado con todo afecto por la orquesta, ya que no olvidan su etapa en la Juvenil.

Bien se sabe que a Benzecry no sólo no lo amilanan los grandes desafíos, sino que insiste en proponérselos a la Juvenil como una forma de crecer, y los resultados de esta “Consagración” fueron asombrosos: aparte de la perfecta claridad de los gestos rítmicos del director y de los sin duda numerosos ensayos, cada solista hizo lo suyo admirablemente, con apenas pequeños detalles sin peso en el resultado. Curiosamente la estridencia de la acústica fue en este caso un plus, ya que los grandes climax (que abundan) sonaron precisos pero salvajes, haciendo más creíble el argumento sacrificial de la elegida en ese rito antiquísimo. La obra tiene más de un siglo y parece escrita ayer: su riqueza rítmica, innovadora orquestación y absoluta coherencia son las de una obra maestra sin igual en el siglo XX. Que una Juvenil argentina pueda tocarla con tanta seguridad y garra nos hablan de una madurez sinfónica emocionante en esta época donde tantas otras cosas decaen. Recuerdo cuando Rosenthal la dio a principios de los Cincuenta y necesitó tres semanas de ensayo para que la orquesta pudiera hacer un trabajo no más que correcto.

No me cabe duda: el punto máximo de la Juvenil este año será esta “Consagración”, sencillamente porque era el máximo desafío y se resolvió admirablemente. Profundas felicitaciones al Maestro pero también a cada miembro de la orquesta, especialmente los solistas; lograr tal dominio de intrincados ritmos y arduos solos los pone en un nivel internacional.

Benzecry, en una de las mayores injusticias de nuestro medio musical, fue dejado de lado por el Colón y por la Sinfónica Nacional en estos últimos 20 años. No es el único caso. El mejor director sinfónico-coral, Antonio Russo, también fue ignorado; y yendo más atrás, Jorge Fontenla fue castigado por pretender disciplina en la Sinfónica. Y aún más atrás, Juan José Castro estuvo en el exilio durante el peronismo, para volver triunfalmente en 1955 y hacer ejemplares programas con la Sinfónica hasta 1960, cuando la burocracia lo saturó y se fue.

Sin dar fechas, un mail de Benzecry informa algunas de las obras que serían parte de la programación 2019: “Así hablaba Zarathustra” de Strauss, la Cuarta de Tchaikovsky, “Pinos de roma” de Respighi, Sinfonía “Mathis el pintor” de Hindemith; “Aida” de Verdi en versión de concierto; y culminará con la Segunda sinfonía, “Resurrección”, de Mahler. Les deseo todo lo mejor.

 

 

 




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