La Sinfónica Nacional brindó una gran versión de la 6º de Mahler pero el Estado la sigue maltratando



Y la triste historia se repite año tras año: la Orquesta Sinfónica  Nacional da un magnífico concierto  tocando a nivel internacional; en este caso una muy difícil sinfonía en su primer concierto de la temporada en el CCK, la Sexta de Mahler, mientras el Estado sigue maltratándola y el público ovacionándola. 

 

Por Pablo Bardin.

 

Y como sucedió el año pasado (pero esta vez con ropa de concierto, no de calle) una integrante de la orquesta, rodeada de dos ejecutantes masculinos, habló con mesura pero contundencia e informó al público (cuyo apoyo agradeció) que los males de la orquesta continúan: a) los sueldos de la Sinfónica siguen siendo los más bajos del país: no sólo las del Colón sino las del Interior tienen mejores sueldos; aberrante y persistente; como corolario primeros atriles de violoncelo y trombón renunciaron y se pasaron  a la Filarmónica y la Estable, que pagan mucho más (Araujo y Fenoglio); b) sigue habiendo directores y solistas extranjeros y nacionales que no cobraron, a veces con  hasta tres años de demora (me asombra que varios de ellos vuelvan, y sólo me lo explico por el cariño y respeto que sienten por la Nacional); c) El Parlamento votó una suma adicional muy importante para Cultura, pero el Secretario de Cultura Avelluto a la fecha nada le dijo a la Sinfónica , cuando ya empezó la temporada, con respecto a cuánto de esa cifra irá para la orquesta; el resultado es que no saben si podrán cumplir el programa.

            Más abajo daré mi opinión sobre el concierto, pero ahora agregaré datos fidedignos a lo ya expresado. Lo esencial de una carta enviada a un director de orquesta por un miembro de la administración de Cultura es elocuente: “El motivo de mi contacto es informarte que desde la administración de la Secretaría nos confirman que este año todos los pagos a artistas que residen en el exterior deberán realizarse exclusivamente en pesos y en cuentas en Argentina. No podrán realizarse transferencias a cuentas en el exterior ni en moneda extranjera. Estamos comunicando esto a todos los artistas que se encuentran en esta situación” (incluso argentinos que residen en el exterior). “Es una indicación del Secretario que debemos cumplir”. Ante esta información el director decidió cancelar su intervención. Es evidente que no sólo pagan tarde sino que además si pagan en pesos no se ajusta por inflación si se demoran. Pero está claro que la restricción viene de más arriba que Avelluto: lo primero que Macri cortó para cumplir con lo pactado con el FMI de lograr reducir a cero el resultado fiscal primario de 2019 fue Ciencia y Cultura.

              Un comentario: Hacienda habría desestimado el año pasado giros de moneda extranjera firmados por Avelluto y quizá el Secretario crea más fácil manejar fondos en pesos. Pero es un gran argumento para cancelar.

            Otro comentario: El Colón le dijo que no a Barenboim para su Festival pero Lombardi le ofreció el CCK; resultado, uno de los conciertos programados por Stefan Lano, con nada menos que la Novena de Mahler, fue cancelado.

            Llegó el momento de ocuparme de la Sexta, dirigida por el brillante Mariano Chiacchiarini,  uno de los tres talentos argentinos principales jóvenes (junto con Alejo Pérez y Pablo Druker) que tienen experiencia europea muy valiosa. Antes de empuñar la batuta hizo dos cosas: homenajeó a Marta Lambertini, fallecida recientemente, maestra suya en la UCA y admirable compositora; y realizó una breve presentación de la obra, sucinta y clara, útil para quien no la conoce,  ya que los programas de la Sala Sinfónica mantienen su total ausencia de referencias a las obras (nada cambió desde el año pasado y los errores de criterio persisten  en este y en varios otros sentidos). Y luego dirigió los 80 minutos de la partitura ante una sala atiborrada, con mucha gente joven, que mantuvo un perfecto silencio y al final aplaudió con un entusiasmo fervoroso. Estuve en el segundo piso siguiendo la música en la edición Dover con dificultad, ya que la luz era muy mediocre, pero no me cupo duda: fue una versión para recordar, como lo fueron las de Mehta con la Filarmónica de Israel y Neschling con la Sinfónica de Sao Paulo.

            La Sexta, denominada “Trágica”, pertenece al grupo de tres sinfonías sin participación de solistas vocales o de coros: Quinta, Sexta y Séptima; fueron precedidas por las cuatro ligadas a “Des Knaben Wunderhorn” (“El cuerno maravilloso de la juventud”), colección de poemas folklóricos que inspiró a Mahler  tanto en Lieder como en sinfonías. La Sexta es la única sinfonía suya de final catastrófico, ya que las restantes (anteriores y posteriores Octava y Novena) o terminan triunfales o se subliman en Adagio. La batalla mahleriana está ganada aquí desde hace décadas y sus sinfonías se escuchan  con notable frecuencia, así como las de Bruckner y Shostakovich. Enhorabuena.  

            Conocí la Sexta en 1956 gracias a la pionera grabación de Eduard Flipse con la Filarmónica de Rotterdam para el Festival de Holanda. Bastantes años después se incorporaron a mi discoteca la versión de Kubelik de la integral que realizó con la Orquesta de Radio Baviera, y la de Georg Solti con la Sinfónica de Chicago. Por cierto que hay otras seguramente importantes (Bernstein, Haitink, Karajan) pero con las tres que tengo y escuché asiduamente y con las versiones en vivo mencionadas (agregaré la de Calderón con la Sinfónica Nacional) la Sexta quedó al tope con la Segunda y la Novena en mi  admiración.

            Deryck Cooke, el especialista mahleriano que luego realizó una posible versión de la inconclusa Décima, nos cuenta que Mahler dirigió por primera vez la Sexta en el Festival de Música de Essen en 1906, y fue la obra más apreciada junto con otra obra maestra radicalmente diferente, “Sea-drift” de Delius (el notable compositor tan promovido por Beecham y tan desconocido aquí). Impresionó grandemente a Schönberg y Berg. El máximo campeón de Mahler desde su muerte hasta la época del LP fue Bruno Walter, quien dijo: “la Sexta es desoladamente pesimista; en ella la copa de la vida tiene un tufo amargo. La obra termina con desesperanza y nos sumerge en la oscura noche del alma”. Pero, nos dice Cooke, “la personal expresión de terror y desastre está sujeta a un control clásico férreo”.  En su primera versión el segundo movimiento era el scherzo y el movimiento lento en tercer lugar; luego el compositor los invirtió; pero poco antes de morir no sólo volvió a la idea original sino que en cuanto a los tres enormes martillazos del movimiento final decidió eliminar el tercero. Mis grabaciones están en el orden Scherzo-Andante, pero tanto Mehta como Chiacchiarini han optado por la solución Andante-Scherzo, aunque aceptando la supresión del tercer martillazo. Considerando la tremenda densidad y duración del movimiento inicial y la sardónica cualidad del Scherzo, parece razonable la idea de darle un respìro al oyente con el único movimiento de relativa calma.

            Si bien hay varios otros elementos, el Allegro energico, ma non troppo inicial contrasta dos elementos: una marcha poderosa y de gran impulso, y una melodía amplia y bella con la que el compositor quiso retratar a su mujer Alma Schindler. La orquestación de la sinfonía es tremenda en todos sus sectores, pero ante todo en la percusión: timbales (dos juegos), Glockenspiel, cencerros, campanas graves, xilofón, bombo, triángulo, tambor militar, gong, platillos, pandero, vara de abedul, martillo. Los cencerros simbolizan el amor de Mahler por la naturaleza (componía en campos altos en verano) y los golpes de martillo son los del destino. El inicio del Andante es una lírica melodía de cuerdas y luego de oboe; el corno inglés hace escuchar un  segundo tema. Luego se crea una atmósfera impresionista con las misteriosas armonías de cencerros, arpa y celesta. Se llega eventualmente a un poderoso  climax,  que va declinando hasta que el arpa y la celesta, con cuerdas en sordina, cierran suavemente el movimiento. El Scherzo es, según David Rubin, uno de los más macabros del compositor. Un tema rústico, algo así como un Ländler rápido, pasa por “aventuras siniestras e irónicas que sugieren sueños distorsionados”. El Trio está marcado “Altväterisch” (antiguo) y continuamente alterna el 4/8 con el 3/8. El retorno del Scherzo es cada vez más violento, hasta que se disuelve en la oscuridad de fagotes, trombones y contrabajos. Dijo Alma Mahler: “las voces infantiles se hacen cada vez más trágicas, y al final terminan en un quejido”. (Ella estaba muy asustada porque simultáneamente con la Sinfonía Mahler componía las “Canciones para los niños muertos” y ella lo tomó como una premonición; pocos meses después murió una de las hijas de la pareja). Cooke define al enorme Finale (22 minutos) como una triple Introducción y Allegro; “la cavernosa introducción resulta esencial, ya que presenta casi todas las ideas principales: precedido por una niebla sonora un tema ascendente de los violines es pronto contrastado con otro lúgubre de la tuba; aparecen temas de anteriores movimientos; se vuelven a escuchar los cencerros; las trompas hacen escuchar un tema ascendente, una extraña fantasía lleva a un tema  coral de bronces que va descendiendo y a una idea más vital de las maderas graves, varios materiales se repìten variados y llevan  a una marcha Allegro moderato y a un tema del destino tocado al unísono por seis trompas que alterna con el anterior tema de trompas, hasta que inesperadamente aparece la Introducción ; pero vuelve el Allegro energico, y en su climax estará cortado por el primer enorme martillazo. Algo más brevemente estos variados temas vuelven a escucharse y llegan al segundo climax y por ende al segundo martillazo”. El Allegro energico vuelve a escucharse  y en el exultante tope reaparece la introducción pero esta vez no hay martillazo; Mahler lo eliminó y lo lamento, creo que era natural y lógico que se escuchara. Por último, una “coda negra: un lento, disonante fugato sobre el tema del destino en trombones y tuba y una última aparición del tema trágico que tras su fortissimo se desvanece en un ominoso silencio”. Una obra que para espíritus afines al mundo mahleriano es de una elocuencia arrolladora.

            La versión duró 80 minutos, unos 5 minutos más que Solti y Flipse, pero no sentí pesadez ni lentitud donde no correspondía. Desde el principio mismo hubo energía, claridad y exactitud, pero también la poderosa expresividad y el sentido de lo inexorable que está en la esencia misma de la obra. Chiacchiarini es preciso en sus gestos y domina la compleja estructura de la música; además empatiza con los ejecutantes y en esta obra con tantos solos supo dar su respaldo a cada primer atril. En el primer movimiento resultó evidente que la Sinfónica, pese a sus grandes problemas, tomó una decisión “japonesa”: mostrar su calidad internacional en cada área. Conviene aclarar que la Sinfónica, como ocurre con las otras orquestas importantes (Filarmónica, Estable del Colón, Estable del Argentino) tiene una cantidad excesiva de ejecutantes; cien debería ser el número razonable, tiene 113; pero 30 son interinos, un número inaceptable. Y además hubo en este caso 11 músicos extranumerarios (maderas y bronces). Daría 124, pero un amigo melómano que me acompañó contó 105; sólo explicable porque  estos últimos son todos vientos, ni cuerdas ni percusión, dada la inmensa orquestación que propone Mahler. Esto aparte, los solos de trompa, trompeta, maderas, violín y violoncelo fueron de una seguridad asombrosa; el de trompa en la gran melodía del Andante fue de una belleza tímbrica raramente escuchada. La acústica tan viva de la Ballena destacó cada solo y en los grandes climax la estridencia no molestó porque esta música llega en esos momentos a la exasperación. Y la capacidad del director para entender la estructura y llevar a buen puerto cada fragmento sin perjuicio de la unidad lo confirma como un artista que a los 36 años ya tiene plena madurez y puede medirse con cualquier partitura. Así, supo dar la angustia y desesperanza de los movimientos extremos, así como la vena melódica del Andante y la cruel sátira del Scherzo. Cabe agregar que los extranumerarios se integraron muy bien, y así los varios momentos en donde se escucharon nueve trompas o seis trompetas sonaron firmes y muy profesionales. Al final pudo observarse la alegría de la orquesta y cómo los grupos de vientos se saludaban con calidez. Es que habían demostrado que pueden tocar la Sexta en cualquier lugar del mundo. Y una orquesta de este nivel es maltratada por el Estado.

 

                                                           ***********

 

APÉNDICE: LA TEMPORADA DE LA SINFÓNICA

            Lo que sigue es lo que está planeado, pero nada asegura que se vaya a cumplir cabalmente. El programador Ciro Ciliberto año tras año intenta que la Sinfónica ofrezca temporadas de primer nivel, pero como reflejé en anteriores artículos de estos últimos años, con frecuencia “los de arriba” arruinan las mejores intenciones. Ciliberto está apoyado por Francisco Varela, Coordinador artístico y administrativo, y por Carolina Cacciabue en Gestión Artística.

            Como Lombardi no puso a disposición de la Sinfónica fechas en semanas anteriores a la de la Sexta de Mahler (que se escuchó el Viernes 29 de Marzo), la Orquesta dirigida por Gustavo Fontana tocó dos veces el mismo programa bien tradicional (Beethoven, Tchaikovsky, Brahms) en el Auditorio del Parque Centenario (15 de marzo) y Bolsa de Comercio (22 de marzo). Después de Mahler Chiacchiarini a su vez ofreció otro programa en la Ballena el 5 de abril con dos obras habituales (Obertura de “Der Freischütz”, Weber; Octava de Beethoven) y el atrayente Segundo concierto de Wieniawski con la precoz violinista (18 años) Victoria Warzyka; no pude verlo porque estaba en el Colón asistiendo a “Don Quijote”.

            Va a ser interesante el 17 de abril (si no especifico lo contrario, siempre en la Ballena) escuchar las obras programadas por el director venezolano Rodolfo Saglimbeni: “El valle de los Menhires” de Eduardo Alonso-Crespo, el Concierto para piano de Dvorák con Emilio Peroni y la Segunda sinfonía de Tchaikovsky (“Pequeña Rusia”). El 26 de abril el colombiano Hadrián Ávila da un programa crossover con supongo primeras audiciones del Concierto para timbales de Ney Rosauro, “Elemental” para sexteto y orquesta de Sonia Possetti (con su sexteto) y las “Escenas rurales” de Gerardo Gardelín. Como todo esto figura en el programa mensual del CC ex Correo supongo que está confirmado. Más allá, quién sabe (el propio CC ex Correo sólo da a conocer lo que pasa en el mes siguiente a fines de cada mes; complicado para aquellos que deben armar agendas, como los periodistas musicales).

            El brillante violinista y director italiano Massimo Quarta da un programa breve (65 minutos) el 3 de Mayo: “I Palpiti” de Paganini y la Sinfonía Fantástica de Berlioz. El 10 el alemán Bernhard Wulff, bien conocido aquí, ofrece una combinación compleja y valiosa de partituras: “Lágrimas” de Mariano Etkin; el Concierto para flauta de Nielsen con Amalia Pérez; “Pájaros exóticos” de Messiaen, y Música para cuerdas, percusión y celesta de Bartók. Ojalá pueda cumplirse lo del 22 y el 24, ya que la obra de fondo, la extraordinaria “Misa glagolítica” de Janácek, fue cancelada dos años consecutivos. Además se ejecutará la “Danza salvaje” de Lucio Bruno Videla y la Tocata festiva de Barber. Sebastián Achenbach, órgano; Mónica Ferracani, María Luisa Merino, Mario De Salvo y Enrique Folger, solistas, y el Coro Polifónico Nacional. El 31 Ricardo Sciammarella, conocido aquí como violoncelista, dirige un programa clásico: de Mozart, la Obertura de “La clemenza di Tito” y el Concierto Nº 24 con el pianista irlandés Miceal O´Rourke, y de  Beethoven la Sinfonía Nº 1.

            En Junio 7 el suizo Emmanuel Siffert (radicado en Argentina desde hace unos años) nos da un magnífico programa inglés: “En el Sur” de Elgar; la “Balada de Héroes” de Britten con el Coro Polifónico Nacional; y la Segunda sinfonía (“Londres”) de Vaughan Williams (lástima que no haya elegido las mucho más necesarias Cuarta y Sexta, que se han escuchado aquí una sola vez y son muy importantes). Si no fuera que Diemecke la programó con la Filarmónica semanas antes, estaría muy contento que Carlos Vieu dirija la Tercera Sinfonía de Mahler el 28 (Alejandra Malvino, Coro Polifónico Nacional, Coro Nacional de Niños). Las dos orquestas jamás se coordinan.

            Como mencioné más arriba, el Festival Barenboim alteró la programación de la Sinfónica en Julio, y Stefan Lano sólo tendrá un concierto el 19 pero con un programa que no sólo permitirá conocer a Lano como compositor (“Siete canciones sobre textos de Rilke” con Eiko Senda) sino que incluirá una de las mejores sinfonías de Shostakovich, aunque raramente ejecutada: la Octava. Entre el 20 de julio y el 2 de agosto hay un período sin determinar en el cual podría haber una gira por el Interior o un Concurso o algún concierto de difusión. Del 5 al 16 de agosto habría Concursos (muy necesarios).

             El sobrio y talentoso director francés Sylvain Gasançon ha programado admirablemente sus dos conciertos de Agosto. El 23 rodea al Triple concierto de Beethoven (Inchausti, Araujo y Balat) con dos obras valiosas: “Métaboles” de Dutilleux y la Tercera sinfonía (“Litúrgica”) de Honegger. Y el 30 se dan dos partituras que no recuerdo haber escuchado aquí: “Amitié” de Ysaÿe (Haydée Seibert y Gustavo Mulé, violines) y “La tumba resplandeciente” de Messiaen; además, tras larga ausencia, se escuchará la notable Tercera sinfonía de Roussel.

            Está por determinar qué ocurrirá en la primera semana de Septiembre. Retorna Fontana el 13 con dos famosas obras rusas: el Primer concierto para piano (con trompeta) de Shostakovich (Paula Peluso, Jonathan Bisulca) y la Segunda sinfonía de Rachmaninov (sería útil recordar también la 1 y la 3). El 20 la obra de fondo será la Misa de gloria de Puccini (González Dorrego, Caltabiano, Coro Polifónico Nacional); dirigirá Federico Sardella, y antes se escuchará el Concierto Nº 4 para violín de Mozart (Roggero). Y el 27 el español Ignacio García Vidal dará un programa novedoso. Se escucha raramente la extensa Obertura de “Bodas de sangre” de Juan José Castro; se estrenarán las “Canciones populares españolas” de García Lorca (por supuesto con ayuda de un orquestador) en las que intervendrá la cantaora Rocío Bazán, quien también estará en la versión 1915 de “El amor brujo” de Manuel De Falla. Y luego un curioso estreno: las “Variaciones sobre el Himno Español” de Balakirev. El 18 hay una obra maestra en la Segunda Parte: el Concierto para orquesta de Bartók. En la primera hay dos autores argentinos: Fabián Pérez Tedesco escribió “Exodus” para tres violoncelos y orquesta  (Eduardo Vasallo, Jorge Pérez Tedesco y un tercero a determinar); aparente estreno. Luego, el Concierto para bandoneón y violoncelo de Daniel Binelli (el autor y Vasallo); no sé si es estreno. Dirige Pablo Boggiano.  Y el 25 retorna Chiacchiarini con dos rarezas enmarcando al Concierto para la mano izquierda de Ravel (Panizza): “Todo noche” de Daniel Sprintz y el oratorio “Nagasaki” de Schnittke, seguramente estrenos (Malvino, Coro Polifónico Nacional).

            Ya en Noviembre, un corto programa sinfónico coral (quizá falte una obra): la cantata op. 13 de José Ciurleo y la “Misa in tempore belli” de Haydn. Será el 1º del mes y dirigirá José María Sciutto, que es el director del Polifónico Nacional; solistas a anunciar. El 8 retornan los rusos Vladimir Lande y  Pavel Mylukov en obras bien conocidas: el Concierto Nº 2 para violín de Prokofiev y la Sinfonía Nº 6, “Patética”, de Tchaikovsky. Retorna Vieu el 15 con dos obras interesantes: el Segundo concierto para violín de Prokofiev (Daniel Robuschi) y los “Quattro pezzi sacri” de Verdi (nuevamente el Coro Polifónico). El joven Ulises Maino dirige la mal llamada Obertura de “La Creación” de Haydn (es una Introducción) y la Quinta sinfonía de Schubert y acompaña a Diana Lopszyc en el Concierto para piano de Khachaturian.  Esto tendrá lugar el 27.

            Y llegamos a Diciembre. El concierto del 6 formará parte del Festival de Música Contemporánea del Teatro General San Martín, lo dirigirá Natalia Salinas  y presentará tres estrenos. De George Benjamin, “Dreams of the song” (Flavio Oliver, Coro Nacional de Jóvenes); “Orion” de Kaija Saariaho; y “El lenguaje” de Luciano Azzigotti. Carlos Jaimes da un programa atrayente con obras poco transitadas el 13: “Voyevoda” de Tchaikovsky; Gran dúo concertante para violín y contrabajo de Bottesini (Lucía Luque, Julián Medina); y la Quinta sinfonía de Dvorák. Por último, en lo denominado como inicio del Proyecto Internacional Beethoven, el 18 dirigirá Andrés Tolcachir la Misa en do mayor beethoveniana (solistas a determinar, Coro Polifónico de Ciegos); y estrenará “Arena entre carne y hueso” de Andrés Gerszenzon (con la soprano Ana Moraitis). Y así terminaría el año la Sinfónica. Que la suerte la ayude.




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