Positiva alianza del Teatro Argentino y el Coliseo



 

PH:  Enrico Fantoni

Como se sabe, la sala grande del Teatro Argentino está en refacción y demoras financieras tienen como resultado que con suerte recién se terminará al inicio de la Primavera de 2019, de modo que no sólo afectó muy seriamente la programación de este año sino que lo mismo ocurrirá hasta al menos Septiembre 2019, dos tercios del año artístico.

Ya desde Marzo se había anunciado que el estreno de la ópera “Candide” de Bernstein se realizaría en el Coliseo en Noviembre; sin embargo hubo un cortocircuito y por un tiempo se anunció que se vería en su lugar el “Mahagonny Singspiel” de Weill, tantas veces visto, y breve, complementado con fragmentos de otras obras de estilo similar. 

 

Por Pablo Bardin.

 

Era ciertamente una mala noticia; en el ínterin se logró una alianza muy positiva del Argentino con el Coliseo, y así Martín Bauer por el Argentino y Elisabetta Riva por el Coliseo pudieron confirmar tres funciones de “Candide” (la primera para Nuova Harmonia) pero además añadir  funciones del Ballet del Argentino en obras de Oscar Araiz, retorno muy esperado del coreógrafo argentino tras años de docencia en el Partido de San Martín. Enhorabuena para ambas instituciones.

 

BALLETS DE OSCAR ARAIZ

            Un programa impresionista Debussy-Ravel con la notable Orquesta del Argentino dirigida por Carlos Calleja, oportunidad valiosa para un director que conoce a fondo los secretos de dirigir para ballet y que en meses recientes recibió el ingrato golpe de tener que interrumpir la actividad de su Orquesta Académica debido a que dejó de recibir fondos de Mecenazgo. El foso del Coliseo es raramente aprovechado, y ahora lo fue en dos programaciones del Argentino; que no olvide la Fundación Cultural Coliseo el tesoro que tienen, único teatro fuera del Colón con un foso de razonables proporciones para ópera y ballet. Vi los ballets el 28 de Octubre.

            Curiosamente no fue el propio Araiz quien repuso dos de sus coreografías; se concentró en preparar el estreno mundial de “Daphnis et Chloé”, sobre la Segunda Suite del ballet de Maurice Ravel, con lo que concluyó una velada muy grata. El programa se inició con “Cantares”, sobre la “Rapsodia española” de Ravel, repuesta por María Fernanda Bianchi (que fue Primera Bailarina del Ballet del Argentino; lo era cuando fui Director General del Argentino en 1992). Araiz es uno de los dos veteranos coreógrafos argentinos de mayor repercusión internacional (el otro, por supuesto, es Mauricio Wainrot). Su formación fue ecléctica: clásica con Ruanova y Grigorieva, contemporánea con Hoyer y Schottelius. Dos veces por breves períodos condujo el Ballet del Colón (1979, 2005-6) y una vez el del Argentino (2002-3). Tuvo una larga gestión en el Ballet du Grand Théâtre de Ginebra de 1980 a 1988. Creó y dirigió el Ballet del Teatro San Martín en 1968 y luego tuvo a su cargo el Ballet Contemporáneo del San Martín de 1990 a 1998. Asimismo fue coreógrafo invitado en una plétora de compañías europeas y americanas, además de argentinas. Desde 2000 maneja la Carrera de Danza Contemporánea en Arte XXI de Buenos Aires, y desde 2010, el Área de Danza de la Licenciatura en Artes Escénicas y el Grupo UNSAM Danza del Instituto de Artes Mauricio Kagel de la Universidad Nacional de San Martín. Entre sus coreografías más conocidas se pueden mencionar “La Consagración de la Primavera”, “Crash”, “Magnificat”, el Adagietto (sobre la Quinta de Mahler), “La Noche Transfigurada”. En suma, un currículum impresionante.

            “Cantares”, dice el programa, “es una pieza breve para mujeres solas, sobre la temática de lo femenino e hispánico. Aparecen en ella esbozos de retratos lorquianos: los sentimientos reprimidos en ´Preludio a la noche´, la alegría y las confesiones en ´Malagueña´, la sensualidad arábiga en ´Habanera´, la explosión de color y libertad en ´Feria´. ´Cantares´ formó parte del espectáculo ´Ibérica´. Fue estrenada en Ginebra y luego interpretada por compañías europeas y americanas. El Ballet del Argentino lo llevó a escena en 1995 y 1996”. Encuentro muy exacta la descripción del programa y me resultó una obra lograda; es probable que Bianchi haya intervenido en las versiones del Argentino y mi sensación fue que la coreografía estuvo bien asimilada por las bailarinas, encabezadas por Belén Burghi. Vestuario de Carlos Cytrinowski repuesto con algunas modificaciones por Renata Schussheim, y las luces, muy sugerentes, fueron de Araiz y Esteban Ivanec.  Muy bien la Orquesta.

 

 

            “La Mer” de Debussy es la espléndida música para un ballet de envergadura, estreno para el Ballet Estable del Argentino, repuesta por Oscar Farías. El estreno fue en Ginebra el 4 de marzo de 1985, con la Orquesta de la Suisse Romande  (¿habrá dirigido Ansermet?). En Noviembre 2011 la estrenó en Argentina en el ciclo de Danza en la Carpa el Grupo de Danza de la UNSAM. Dice el coreógrafo: “en la construcción de un juego teatral y coreográfico las leyes de la física y la naturaleza se confunden íntimamente con el mundo anímico de los jugadores”. Presumo que Farías habrá estado en las funciones de la UNSAM.  Es ésta una obra mucho más compleja que “Cantares”, ya que evocar con cuerpos la naturaleza es mucho más arduo que hacerlo con temas muy cercanos al folklore de una raza. Creo que Araiz ha conseguido una  meritoria plasmación en cuerpos del embate de las olas, de las cambiantes luces y del viento. Recordemos los tres movimientos: “Desde el amanecer hasta el mediodía en el mar”; “Juegos de olas”: y “Diálogo del viento y del mar”.  Vestuario de Schussheim, sobrio y adecuado; diseño escenográfico simple y atrayente de María José Besozzi, luces convincentes de Araiz e Ivanec. Recordar que la estupenda música de Debussy logra comunicar tanto la belleza y serenidad del mar como sus mayores peligros, y  no es fácil

trasmutarlo en movimientos de seres humanos. Ocho bailarines de cada sexo se combinan y recombinan en pasos  serenos o violentos de notable belleza plástica, a veces poéticos y otras, deliberadamente salvajes. No todos los aspectos musicales logran su espejo en movimientos pero es un trabajo serio y válido, muy bien bailado, aunque en una entrevista Araiz dice que el Ballet del Argentino no está acostumbrado actualmente a un desafío fuerte como el de este programa, por falta de actividad suficiente (es lógico teniendo en cuenta sus vicisitudes de los dos últimos años; además, tras la dimisión por frustración de sus planes de Maricel de Mitri, tomó el mando el ruso Viktor Filimonov, de pura escuela clásica rusa, bailarín del Argentino durante varios años, ajeno a lo contemporáneo). Yo encontré bastante eficaz el trabajo de los bailarines, y admirable la Orquesta con Calleja en esta partitura fantástica y complicada.

            En cuanto a “Daphnis et Chloé”, se han visto en el Colón coreografías del ballet completo y con coro “off-stage”; a mí me gustó la coreografía de George Skibine, vista varias décadas atrás. Qué bueno sería que el Colón pudiese apreciar la versión integral de Fokine para Diaghilev (1912).  Aquí vimos sólo los episodios finales, que coinciden con la Suite Nº2, donde contrasta el espíritu bucólico y refinado de las dos escenas iniciales con la desenfrenada Bacanal final (Araiz confiesa ser “el coreógrafo de las bacanales”). Vestuario, diseño escenográfico e iluminación a cargo de los mismos de “La Mer”, de buen nivel. Cito una entrevista de La Nación: “Empezamos a trabajar a mediados de agosto y, como es una compañía que visita poco el repertorio contemporáneo, hubo que hacer un trabajo bastante primario en ciertos aspectos técnicos, como el uso del suelo y los movimientos del torso más orgánicos. Yo utilizo una gran fluidez, que no es la de ´El lago de los cisnes´. Hubo un tiempo de adaptación y los resultados son muy buenos”. En realidad Araiz había utilizado esta música en otros contextos muy distintos: con una compañía independiente en los años 70 y en 1984, cuando creó “Fénix” para Jean-François Casanovas y su grupo Caviar de travestis. Araiz propuso al Ballet del Argentino “alejarse del unísono y el control apolíneo de los cuerpos”, ligarse a lo dionisíaco. “Secuencias en canon que permiten encontrar el propio ritmo”. De Mitri había programado una “Daphnis et Chloë” de Carlos Trunsky, donde no sólo la obra se escuchaba entera sino que se agregaban otras músicas; esto no sucedió. Laura Chertkoff hace un atinado comentario: “Sin climas intimistas ni brillos acrobáticos, Araiz compone con una paleta de colores, de intensidades y velocidades que permiten la armonía de la compañía, con el piso de un modo muy contemporáneo y algunos momentos con técnica de puntas sin estrés”.  Con notables solistas como Julieta Paul y Emanuel Gómez y otros 17 bailarines, esta coreografía es más bien de cámara, lo cual es bueno para el espacio más bien reducido del escenario del Coliseo. En realidad el Ballet del Argentino es  grande: 40 bailarinas y 23 bailarines, total 63.  Al menos una buena muestra ha tenido oportunidad de mostrarse ante el público de Buenos Aires y fue muy bien recibida. Nuevamente la Orquesta con Calleja estuvo a la altura de las dificultades de una obra genial, y Araiz volvió a demostrar sus considerables valores.

 


 

“CANDIDE” DE BERNSTEIN

            En 1956 yo estudiaba en American University (Washington D.C.) y según la práctica habitual concedían vacaciones de invierno. Enseguida enfilé a New York y allí, entre muchas otras cosas para mí memorables, tuve el inmenso placer de presenciar la opereta “Candide” de Leonard Bernstein en su primera versión, con texto de Lillian Hellman; fue el 27 de Diciembre. Con pequeña orquesta dirigida por Krachmalnick, los excelentes artistas eran Robert Rounseville (el mismo que cantó Hoffmann en la memorable película de “Los Cuentos de Hoffmann” de Powell y Pressburger con orquesta dirigida por Beecham), la notable soprano Barbara Cook y el habilísimo actor-cantante Max Adrian. Por supuesto, hay grabación.

            “Candide” era una opereta muy sofisticada para un Broadway que ya entonces tenía gustos más superficiales y no tuvo lo que llaman allá un “long run” (presencia en cartel de varios años) pero yo quedé muy impresionado. En lo que ellos consideran “legitimate theatre” (piezas de teatro) el Broadway de entonces era extraordinario y uno veía interpretaciones auténticas, sin versionar, de los grandes autores: Shaw, Anouilh, O´Neill, T.Williams, y con grandes actores como Fredric March. Los musicals, aunque muy buenos (era la época de “My Fair Lady”) eran más directos en sus contenidos que “Candide”, que mucha gente entendió a medias. Y el viejo Met daba maravillas y el New York City Ballet de Balanchine ofrecía “A Midsummer Night´s Dream”.   Época inolvidable para mí.

            Hellman era famosa escritora de piezas de teatro (“plays”) pero para el gusto de Bernstein no era suficientemente fiel al original de Voltaire, sin duda una obra fundamental del Iluminismo (Voltaire sigue siendo fascinante en algunas de sus obras). Y como Bernstein era consciente de haber escrito una música de alto nivel, pidió a Hugh Wheeler un nuevo libreto e hizo algunas alteraciones en la música; esta segunda versión tuvo más éxito en Broadway. Sin embargo, Bernstein hizo luego más modificaciones y llegó a la versión que él llamó ópera y consideró definitiva, y la grabó con un gran reparto: Jerry Hadley, June Anderson, Adolph Green, Christa Ludwig, Nicolai Gedda y Della Jones, y la Orquesta Sinfónica de Londres. El 13 de diciembre de 1989 en el Barbican Centre de Londres se hizo el video que luego fue DVD, aunque también existe como CD. El compositor murió meses después en New York y esta versión de “Candide” fue su última grabación.  También hay otra grabación dirigida por John Mauceri, que no conozco (es la misma que usó Bernstein y la precedió en 1988 para la Scottish Opera). 

            Más allá del texto hablado están los lyrics (los de las canciones) y éstos son de un cúmulo de creadores, varios de ellos famosos: el propio Bernstein, Hellman, Dorothy Parker, Stephen Sondheim, John La Touche y Richard Wilbur. En el DVD la narración estuvo escrita por Bernstein y John Wells y las orquestaciones son de Bernstein, Hershy Kay y John Mauceri. Como se ve la historia de “Candide” es múltiple, y la versión del Argentino añade  y quizá quita: la realizaron Rubén Szuchmacher y Lautaro Vilo y la gran y positiva innovación es incorporar al propio Voltaire como narrador. “Cándido y el optimismo” es una de las obras clave voltairianas; el Doctor Pangloss es un seguidor del filósofo Gottfried Leibniz que sostiene que “no hay efecto sin causa” y por lo tanto que vivimos en “el mejor de los mundos posibles”.  Por cierto al ingenuo Candide le pasan tantos desastres que al final debe admitir que el mundo  es hostil, y en la versión muy americana de Bernstein al final concluye que “hay que cultivar nuestro jardín”, una metáfora que indica la necesidad de asimilar lo negativo y convertirlo en algo positivo mediante un optimismo realista (cosa que –no lo dice la obra- con frecuencia es imposible cuando la calamidad es extrema). El Argentino insiste en presentarla como opereta pero la versión final para Bernstein era ópera y era la definitiva y es la que se vio, salvo los agregados mencionados. Dijo Lilian Hellman sobre esta obra de Voltaire y concuerdo: “es la mejor sátira jamás escrita, pegando en todas direcciones y reuniendo todo el sinsentido humano”; raro que Bernstein sintiera que Hellman no era suficientemente voltairiana cuando claramente lo era.  Reproduzco un párrafo del comentario de programa: “Bernstein compartía claramente el humanismo liberal de centroizquierda de Hellman y así “Candide” funciona como una crítica de los Estados Unidos de los años cincuenta, aunque una escena que ridiculiza a McCarthy fue cortada y la positiva conclusión final difiere de la visión escéptica de Voltaire”.

 

 

            Durante los dos actos hay continuos cambios de escena y varios cantantes hacen múltiples roles, salvo los que encarnan a Candide, Cunegonde, Old Lady y Paquette. La sucesión de disparates totales es tan aguda que me hizo recordar a una película de hace unos 60 años, “Loquibambia” (“Hellzapoppin”). Musicalmente dominan los valses y las parodias en un collage de continua inventiva, con momentos de exigencia vocal, ritmos cruzados y arduos y una notable orquestación.

            La chispeante Obertura popurrí se toca con gran frecuencia en Argentina y en menos de cinco minutos tiene todo el brillo y la imaginación de esa otra habitual presencia en nuestros conciertos, la Obertura de “Ruslan y Ludmila” de Glinka. El Primer Acto se inicia en el castillo del Barón Thunder-ten-Tronck (apellido deliberadamente absurdo), poderoso señor de Westfalia. Maximilian y Cunegonde son hijos del Barón, en armonía con su pariente pobre Candide y la doncella Paquette. Son guiados por el Doctor Pangloss.  Un solemne coral bien luterano ensalza a Westfalia. Luego Candide besa con amor puro a la virgen Cunegonde; sorprendidos por Maximilian, éste lo expulsa del castillo porque sólo alguien de origen noble puede besar a su hermana. Candide es reclutado como soldado por un ejército extranjero; estalla la guerra y Candide encuentra muerta a Cunegonde. Poco después ve a Pangloss, ahora enfermo de sífilis. James, un anabaptista, ofrece encontrar una cura y se embarca con ellos en su nave; no se aclara dónde quiere encontrarla ni de dónde parte la nave: el absurdo domina; pero la navegación es larga ya que van hasta la costa de Portugal: allí una tempestad hunde el barco y ellos de alguna manera llegan al continente. Pero un terremoto arrasa el país y mata a miles; el Gran Inquisidor los acusa de ser responsables del desastre y en un Acto de Fe hace ahorcar a Pangloss (curioso que no lo queme…); Candide logra huir. Cambio de escena y estamos en París, donde Cunegonde, “milagrosamente” viva, comparte los favores alternados de dos protectores: el rico judío Issachar y el Arzobispo de París… La Vieja Dama es su cómplice para que los protectores no se encuentren. Cunegonde está en un cabaret y allí canta su famosa aria “Glitter and be gay” (“Brilla y alégrate”), de ardua coloratura, donde ella cambia varias veces de ánimo y parece ser una parodia de “Ah fors´è lui” y “Sempre libera” de “La Traviata”. Por alguna razón va Candide al cabaret y encuentra a la “resucitada” Cunegonde; se besan apasionadamente y son descubiertos por Issichar; “sin querer queriendo” Candide lo mata, y poco después al aparecer el Arzobispo ocurre lo mismo; escapan con la Vieja Dama a Cádiz (cerquita). Como la policía los busca huyen al Nuevo Mundo (¿ya existía Interpol?).

            Llegan al Buenos Aires de 1759 (el libro es de esa fecha) cuando todavía no existía el Virreinato del Río de la Plata y había Gobernador, que naturalmente es atraído por Cunegonde. Un Capitán informa a Candide que la Policía lo busca por los asesinatos, y éste debe escapar. Cunegonde queda bajo la “protección” del gobernador y la Vieja Dama la acompaña y cuenta su muy cargada historia. Candide, acompañado del tucumano Cacambo, va hacia el norte; se encuentran con los supérstites Maximiliano y Paquette, que ahora son jesuitas…Candide dice a Maximiliano que quiere casarse con Cunegonde, Maximiliano  pelea con él, y Candide, de nuevo accidentalmente, lo mata…Escapan Candide y su compañero y de manera inexplicable descubren el famoso Eldorado (que nunca se encontró). Allí todos son ricos y felices, pero sin Cunegonde Candide no puede estar; se hace rico, se carga de bolsas de oro, y le pide a Cacambo que lleve a Cunegonde a Venecia (¡). Candide conoce a Martín, hombre pobre cuya filosofía es exactamente opuesta a la de Pangloss: para Martín el mundo es un absurdo. Vanderdendur, comerciante holandés, le vende un barco en mal estado (¿sobre el Atlántico? ¿Dónde?), pero si bien el barco se hunde, en una tormenta también desaparece el barco del comerciante. Sobre las olas flotan las bolsas (¿su peso no las hunde?) y Candide se aferra a unos maderos y rescata las bolsas; aparece Pangloss, que tampoco murió (presumiblemente viajaba en el barco del holandés) y que sigue creyendo en su utopía. De alguna manera supuestamente son rescatados y viajan a Venecia. Allí en un casino el empresario Ragotski  alienta a Cunegonde a quitarle dinero a Candide, a quien no han reconocido (¿). Candide finalmente (qué lento) se convence que Cunegonde no es la mujer fiel de su amor y en un final derivado del original de Voltaire (pero que coincide con el optimismo americano) concluye que debemos tratar de cultivar nuestro jardín. Durante toda la obra, como la regla es la incongruencia, la imposibilidad y el absurdo,  no molesta lo que normalmente molestaría.

            Hay cantantes, actores, figurantes y bailarines en la compleja puesta. Salvo Voltaire, con la típica peluca Luis XV, y atuendos que evocan a religiosos o poderosos (Zar, Gobernador, Sultán), se optó por ropa neutra que podría ser de nuestro tiempo; Jorge Ferrari estuvo a cargo del vestuario y de muy sintéticas escenografías (el dinero no sobra en el Argentino); las luces fueron del avezado Gonzalo Córdova. Voltaire leía desde un facistol colocado a la derecha. Nada que sugiriese a Buenos Aires, París o Venecia. Muy buena marcación de actores de Szuchmacher y bien elegidos o imaginados los textos que lee Voltaire. El diseño coreográfico de Marina Svartzman es simple y sólo en momentos aislados.

            Héctor Guedes es un talentoso y experimentado bajo barítono argentino cuya carrera se ha desarrollado generalmente en Europa, donde cantó un vasto repertorio, incluso “Candide” en el Maggio Musicale Fiorentino. Con impecable inglés habló como Voltaire y cantó como Pangloss y Martín, con gran desenvoltura en todo momento. Lamento decir que considero mal elegido a Santiago Martínez como Candide; si bien es un ingenuo al extremo, Cunegonde está enamorada de él y debe tener presencia (como Des Grieux en Manon o Alfredo en “La Traviata”); su físico pequeño, un vestuario que no le ayudó, un canto poco sonoro y una actuación muy contenida (allí creo que hay responsabilidad del régisseur también), su Candide no me convenció; recordé la amplia voz y la alta presencia de Rounseville. Oriana Favaro tiene por cierto la belleza y la sensualidad de Cunegonde y es versátil actuando; sin embargo no estuvo tan segura como yo esperaba en los pasajes floridos muy agudos (como tiempo después resolvió sin problemas música todavía más difícil en “Powder her face”). Estuvo muy bien Eugenia Fuente (mezzosoprano) como Old Lady, desenvuelta escénicamente y muy firme en su aria-relato. Cumplieron bien el barítono Mariano Gladic como Maximilano y brevemente como Capitán, y Rocío Arbizu (mezzo) como una coqueta Paquette, muy a la Despina. El joven tenor Pablo Urban cantó con soltura su aria como Gobernador y luego sus intervenciones como Vanderdendur y Ragotski. Miembros habituales del Argentino, Mirko Tomás en cuatro personajes incluso el Gran Inquisidor, el barítono Sebastián Sorarrain en cinco breves partes y el bajo barítono Víctor Castells en cuatro cortas intervenciones, todos cumplieron con oficio. Completaron Luca Eizaguirre (tenor) en tres personajes y Alfredo Martínez (barítono) en otros dos. Los cinco actores, sobre todo Miguel Rausch como Issachar, Cacambo y otras dos partes, estuvieron bien. Figurantes y bailarines, en número de veinte, dieron entusiasmo en escenas como el Acto de fe y el cabaret de París.

            Pablo Druker ha demostrado su calidad en años recientes; artista flexible y de sólida preparación, supo comunicar a la muy buena orquesta la coordinación y la afinidad con los múltiples ritmos y colores de la música y concertó con la poblada escena sin problema. El notable Coro del Argentino respondió con exactitud a las hábiles manos de Hernán Pérez Arteaga. El inglés que se escuchó fue de variable nivel pero con los buenos sobretítulos de Raúl Carranza el desarrollo de la ópera se entendió claramente.

            En total, un necesario e inteligente homenaje a Bernstein en el centenario de su muerte. Vi en Broadway su  mucho más famosa “West Side story” y también me parece admirable, pero prefiero “Candide”.

Pablo Bardin




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