Buenos conciertos de orquestas argentinas



Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, Orquesta Estable del Teatro Argentino de La Plata, Orquesta Sinfónica Nacional, Sinfónica Juvenil Nacional José de San Martín, Orquesta Sinfónica Provincial de Santa Fe: todas dieron conciertos de buen nivel en la CABA en recientes semanas, entre bien y muy bien.

Es para alegrarse de que la calidad no decaiga pese a las grandes dificultades actuales.  En ciertos casos el concierto fue menos satisfactorio de lo que el que escribe esperaba, sólo correcto, pero otros fueron mejores de lo que yo suponía. Comentaré siete conciertos de manera algo más sucinta que otras veces para suavizar las demoras por razones ajenas a mi deseo.

 

Por Pablo Bardin.

 

ORQUESTA FILARMÓNICA DE BUENOS AIRES

    Ante todo quiero decir que el 12 de septiembre privilegíé la visita de la Sinfónica de Chile el mismo día del concierto de la Filarmónica dirigida por Diemecke con la solista Lilya Zilberstein con un importante programa: Rapsodia sobre un tema de Paganini de Rachmaninov y la Sinfonía Nº9 de Bruckner; pensaba ir al ensayo general, pero justo en este caso se canceló la habitual presencia de público, por algún motivo que como de costumbre el Colón no explicó.

    El 3 de Octubre tuvo lugar el Concierto Nº 15 del abono; dirigió Christian Baldini y fue solista Claudio Barile, primer atril de flauta. “Alborada del gracioso” de Ravel, Concierto para flauta en re menor, Wq.22, de Carl Philipp Emanuel Bach, y la Sinfonía Nº 2, en si menor, de Alexander Borodin. Lo importante de este programa fue el Concierto para flauta, seguramente uno de los más interesantes del repertorio; supongo que se ha tocado otras veces y tiene varias grabaciones pero yo no lo conocía y quedé impactado por su originalidad. C. P. E.  Bach fue el más importante de los hijos compositores de Johann Sebastian; nació en 1714 y murió en 1788, y su estilo pasó del Barroco al más avanzado clasicismo, el de Sturm und Drang; si es cierto que escribió el Concierto en 1747, parece creado 30 años después tanto en el Allegro inicial como en el Allegro di molto final, no sólo virtuosístico sino experimental. No le fue cómodo estar al servicio de Federico el Grande de Prusia, flautista y compositor, que en cambio logró que Quantz produzca centenares de conciertos para flauta de un estilo clásico mucho más tranquilo. Sin embargo Bach estuvo 40 años en la Corte. Téngase en cuenta que su producción fue muy grande; baste mencionar que mi catálogo del año 2000 de CDs lista 171 obras, muchas de ellas reuniendo varias bajo el mismo número de catálogo, y que una ínfima parte se conoce aquí.  Hay datos extraños con respecto al concierto que escuchamos: Wq es el viejo catálogo Wotquenne; pero ahora hay uno más nuevo, el H. por Helm. Y ocurre lo siguiente: el Wq 22 figura como concierto para teclado y cuerdas pero entre paréntesis dice: consultar el Concierto para flauta H. 484/1, (que no tiene número Wq). Y allí da la fecha con un ¿?: 1747. Sin embargo, a mí me suena revisado; no lo concibo tan audaz en 1747. Otra curiosidad: existe el Concierto H. 426 para flauta y cuerdas también en re menor, sin número Wq. Sea como fuere, es una espléndida obra la que escuchamos en virtuosística versión de Barile; y su característico timbre muy colorido va muy bien para esta obra; no funcionaría del mismo modo en Quantz. Muerto Telemann en 1767, C. P. E. B. lo sucedió en Hamburgo, libre de Federico, y esto avalaría una revisión muy integral en 1775 del Concierto. La orquesta fue reducida: solo 17 músicos, incluso un clavecinista cuyo nombre no figuró.  Baldini estuvo bastante en estilo, aunque fueron tantos los gestos de Barile hacia los músicos que pudo dudarse de si no hubo dos directores. El flautista tocó fuera de programa una versión ideal de la única pieza de Debussy para flauta sola: la delectable “Syrinx”, evocación griega. 

     Recuerdo conciertos anteriores dirigidos por Baldini que me impresionaron mejor. No me gustó que la biografía del programa diera copiosos datos de sus actividades en el Hemisferio Norte pero no menciona que es argentino y estudió en la UCA (mi mujer fue profesora suya en Historia del arte). La programación fue magra, apenas una hora; faltó una obra; p.ej., los 8 minutos de la “Alborada del gracioso” hubieran podido ser sustituidos por una partitura rusa valiosa, como el poema sinfónico “Tamar” de Balakirev, tanto tiempo sin escucharse aquí, y como Borodin miembro del Grupo de los Cinco.  No sé si faltaron ensayos, pero sonaron poco ensayadas ambas partituras sinfónicas, con un sonido demasiado grueso en los fortissimi, sin transparencia. Tanto la Alborada como la Segunda de Borodin son bellas obras de repertorio pero no pasaron de la medianía en esta ocasión; en particular el Finale de la sinfonía no sonó Allegro sino Allegro molto y hubo en toda la obra momentos desprolijos, aunque sí estuvo correctamente resuelto el Scherzo marcado Prestissimo con su ardua repetición de notas.

    Me resultó más satisfactorio el Concierto del 19 de septiembre en la Usina del Arte en el ciclo Divertimentos y Pasiones, si bien lo de las Pasiones me parece un título poco feliz. Debutó el director israelí Noam Zur, nacido en 1981 y formado en Tel Aviv, Alemania y Estados Unidos; ha dirigido 230 óperas y 250 obras sinfónicas. Trabajó en Heidelberg, Essen, Lucerna y Frankfurt, fue invitado por numerosos países y a partir de 2014 empezó a dirigir en Argentina: Cuyo, Rosario, y desde el año pasado director titular de la Sinfónica de Salta. De modo que fue útil conocerlo y confirmar que es un músico probo e inteligente, que se adapta a diversos estilos.

    Daniel Ruggiero es compositor y bandoneonista ligado al tango; con el violinista Matías Grande (actualmente miembro de la Filarmónica) estrenó su Doble concierto para violín, bandoneón y orquesta de cuerdas en 2013 en el Festival de Tango de Buenos Aires con la Orquesta de cuerdas de Elvino Vardaro. Ahora Ruggiero y Grande fueron los solistas de este Concierto en la Usina. Es una partitura extensa, 28 minutos, y en cada movimiento se alternan una sección lenta con otra rápida, siempre ligadas al tango pero no servilmente: no es un concierto de tangos. Lo creo algo demasiado extenso para su material y algún corte hubiera sido positivo pero se escucha con placer; por supuesto los solistas fueron impecables, y Zur entendió el lenguaje.

    El Divertimento para cuerdas de Bartók es una obra maestra; la versión fue bastante buena aunque no impecable (los desafíos son múltiples). Pese a que la duración justificaba un intervalo (había pasado una hora), no lo hubo. Y pasamos a tener la orquesta plena que requiere la estupenda versión de Rimsky-Korsakov (que no figuraba en el programa) de “Una noche en el Monte Calvo” de Mussorgsky, muy superior al original más largo, que es un extraño intermedio de la ópera folklórica “La feria de Sorotchinsk. La obra me fascinó de niño gracias a “Fantasía”, esa maravilla de Disney con Stokowski y la Orquesta de Filadelfia. Presencié esta vez una versión muy lograda que confirmó el talento de Zur. 

    En este concierto que alternó orquestas de diferente composición pudimos escuchar, para mí por primera vez en vivo, aunque hace bastantes años que la conozco por Chailly en un CD famoso, esa divertida partitura que Shostakovich llamó Suite para orquesta de jazz Nº 1, op. 38A. Es breve; resulta particularmente pegadizo el Vals inicial; le sigue una Polca; y sólo el Fox-trot nos lleva a los Estados Unidos vistos por un soviético. Apenas 12 minutos, con una pequeña orquesta que incluyó saxofones, clarinetes, trompetas, trombones, piano y banjo y guitarra hawaiana, más percusión. Los músicos se adaptaron admirablemente a este estilo tan diverso con respecto al habitual académico, y Zur reafirmó su versatilidad. Un muy simpático final. Esta Suite es de 1934; la segunda data de 1938 y resulta mucho más larga: ocho piezas (están en el mismo CD de Chailly/Concertgebouw). 

 


ORQUESTA ESTABLE DEL TEATRO ARGENTINO DE LA PLATA

 

    La Orquesta del Argentino tiene como Director titular a Pablo Druker, quien ha logrado llevar a la Orquesta a altos niveles, como los tenía con Alejo Pérez. Este año y el anterior ha dado conciertos en la CABA porque la Sala Ginastera del Teatro sigue demorada en su refacción y por ello resulta bienvenido que la Orquesta venga al Coliseo o al Auditorio Nacional del CCK. El 15 de agosto la dirigió Diego Censabella; nació en la CABA en 1983 y debutó en 2011 con la Estable del Argentino tras ser maestro interno desde 2008 y asistente de dirección en varias óperas; fueron sus maestros Scarabino y Vieu. 

    Formuló un interesante programa: “Les nuits d´été” (“Las noches de estío”), de Berlioz, sobre textos de Gautier de la colección “La Comédie de la mort”; las Cuatro últimas canciones de R. Strauss (textos de Hesse y von Eichendorff); y la Cuarta sinfonía de Mahler.  En la primera escuchamos a la mezzosoprano Eugenia Fuente. Hace unos meses comenté otra versión de estas canciones e hice notar algo sorprendente: que el gran renovador de la orquestación en este caso nos dio una orquesta bastante magra; y que la verdadera manera de interpretarlas es alternando voces masculinas y femeninas según el contenido de cada poema, pero que raramente se hace así. Fuente es una artista de buena carrera que nos ha dado interpretaciones válidas como “La Medium” de Menotti; en este caso la encontré algo parca en la expresión de los textos; me comentaron como cierto que horas antes había sido víctima de un robo y en ese caso bastante hizo con lograr una correcta actuación. No es obra para aquilatar a un director y no lo haré.

    Si la obra de Berlioz tiene sus lados atrayentes pero no es una obra maestra, en cambio las estupendas Cuatro últimas canciones son el canto del cisne de toda una época, como lo he expresado otras veces, y han atraído a las grandes sopranos de repertorio alemán como ninguna otra partitura de concierto. Daniela Tabernig es una de las dos artistas argentinas que pueden medirse con estos Lieder y hacerles justicia (la otra, por supuesto, es Filipcic Holm). Tiene la belleza de timbre, la musicalidad , el volumen bien administrado y el amplio registro requeridos, además de un alemán comprensible y comprendido, de tal modo que fue un placer escucharla. Y Censabella mostró aquí su buena formación, logrando climas poéticos, apoyando siempre a la cantante; la orquesta volvió a reafirmar su considerable categoría al plasmar con gusto y técnica las sutilezas straussianas. 

    La Cuarta es la más accesible de las sinfonías mahlerianas, con más melodía y menos contrapunto, con una duración que no alcanza a la hora. Por supuesto que no faltan los climax ni las “trouvailles” de orquestación, pero sin angustia hasta cuando la música está en menor. Y su Finale es una ingenua canción de “Des Knaben Wunderhorn” alabando las cosas serenas y simples del Cielo. Censabella demostró ser un buen músico y un conocedor del estilo, aunque necesita “soltarse” más; tiene una presencia demasiado hierática, poco comunicativa. Pero no hay duda de que sabe lo que hace y la sinfonía estuvo ensayada con cuidado y conocimiento. Tabernig sumó su encanto en los últimos minutos.

    El concierto dirigido por Druker el 22 de septiembre en el Auditorio Nacional fue un acontecimiento, ya que al alto rango de las ejecuciones e interpretaciones se sumó el estreno de un Stravinsky ignoto hasta hace pocos años: la Canción funeraria op.5 (1909), compuesta en honor de su gran maestro Rimsky-Korsakov. Con excelente criterio fue Rimsky el elegido para iniciar la velada: “La gran Pascua rusa”, Obertura de concierto sobre temas litúrgicos, op. 36 (1888). Sus 15 minutos son una lección de orquestación y se escuchan con renovado interés; la versión tuvo nivel técnico (poderosos y limpios los bronces) y carácter. En cuanto a la “Canción funeraria”, tiene considerable extensión (11 minutos); lamentablemente se extravió, pero, nos cuenta Marcos Nápoli, “en 2015 una bibliotecaria del Conservatorio de San Petersburgo halló las partes orquestales, y Valery Gergiev y la orquesta del teatro Mariinsky ofrecieron su re-estreno en 2016”.  Stravinsky la consideró “mi mejor trabajo antes de ´El pájaro de fuego¨ y el más avanzado en armonía cromática”. Si bien no es el único Stravinsky que aquí no se conoce, como apareció erróneamente en La Nación, ya que faltan varias obras suyas tardías de su período dodecafónico (como los “Threni” para coro y orquesta), me resultó sumamente interesante escuchar esta obra temprana (también en esta etapa faltan partituras de envergadura, como su Primera sinfonía, marcada por el estilo de Rimsky y muy grata); la música es expresiva y bella y valía la pena conocerla. Druker y la Estable , me atrevo a decirlo sin haber visto la partitura, cumplieron cabalmente con la obra. Algo extraño: los derechos los tienen los Herederos de Prokofiev, no de Stravinsky.

    Aunque actualmente nuestras orquestas le han perdido el miedo a “La Consagración  de la Primavera”, sigue siendo un gran desafío tocar la obra cumbre de Stravinsky, para muchos la más sintomática del siglo XX. Druker y la Estable ofrecieron un trabajo impecable, que comunicó toda su intensidad; sólo con excelente preparación de director y ejecutantes puede lograrse. Es el manifiesto de la liberación del ritmo y de la politonalidad y ellos lo reflejaron fielmente. 

 


ORQUESTA SINFÓNICA NACIONAL

    El 27 de Septiembre en el Auditorio Nacional (Ballena Azul para mí) se presentó el director español Ignacio García-Vidal en un “Concierto dedicado a Manuel de Falla y Federico García Lorca”. Nacido en Cocentaina (a 60 Km. de Alicante) en 1979, tiene varios títulos de la Universidad de Salamanca; estudió dirección con entre otros García Asensio, Panula y N. Järvi. Curiosamente su debut a los 24 años fue con la Filarmónica de Montevideo. En nuestro país dirigió varias orquestas del Interior además de la Sinfónica Nacional y la Filarmónica de Buenos Aires. No es director estable en ningún lado; su recorrido trashumante lo llevó a varias ciudades españolas, Argel, Würzburg, Quito. Por mi parte no lo conocía. 

    Antes del concierto, el habitual discurso del delegado quejándose de Avelluto (con toda razón) tuvo esta vez una buena noticia: la Sinfónica Nacional fue premiada por Konex como mejor orquesta de la década (y lo es). García-Vidal, sabiendo que no hay notas de programa, explicó el sentido del concierto, lo cual fue útil. En el intervalo, la brillante gestión del CC ex Correo dejó a la gente en la penumbra; lo hacen con frecuencia. Y le dan a la Sinfónica un tiempo mínimo de intervalo, 10 minutos. Aparte de no arreglar las filtraciones de agua en la sala de ensayo del piso -2.

    La Primera Parte se inició con la bien conocida Obertura de “La zapatera prodigiosa” de Juan José Castro, ópera que el Colón ofreció sobre libreto basado en García Lorca en nada menos que 5 temporadas; fue una correcta versión de esta pieza breve y bien lograda. Siguió una selección de las “Canciones populares españolas” recogidas y armonizadas por García Lorca, pero las escuchamos en la orquestación de José Ramón Hernández Bellido; estreno en Argentina. Fueron seis canciones muy contrastantes. La decisión de García-Vidal fue que las cantara la cantaora flamenca Rocío Bazán, malagueña de algo más que 40 años, que debutó aquí. Me cuesta mucho aceptar estas versiones, ya que tengo un disco estupendo de Victoria de los Ángeles donde canta las 13 canciones elegidas por García Lorca en sus arreglos originales acompañada al piano por Miguel Zanetti. El refinamiento extremo, el salero, la habilidad con la que se adapta a distintos orígenes, son seguramente lo que quiso García Lorca. Para mí fue un choque violento escuchar “Anda, jaleo” con la máxima aspereza y amplificación; si me dicen que es auténtico, se trata de un gusto que no va conmigo; además tan fuerte era que dejaba en neto segundo plano el buen arreglo orquestal. Como bien dice Gerardo Diego, las canciones elegidas andaluzas no provienen del cante jondo de origen árabe ni del cante flamenco (canción gitana); Lorca sabía que no se adaptan a un arreglo pianístico y además “que no pueden ser transcriptas en una notación musical satisfactoria”. Menos mal que Bazán suavizó su voz en “Los mozos de Monleón”, canción serena de Salamanca. Con “Los cuatro muleros” volvió el grito desgarrado. Aunque sea en “El café de chinitas” Bazán dio cierto aire de danza a su canto visceral. La Naná de Sevilla tuvo cierta ternura brusca. En “Los reyes de la baraja” su aire popular tuvo base en el texto: “Corre que te pillo, corre que te agarro, mira que te lleno la cara de barro”. Los arreglos orquestales variados y coloridos ayudaron a paliar tanto grito y fueron dirigidos con evidente conocimiento.

    García-Vidal avisó que la Obertura sobre una marcha española, op.6, de Mily Balakirev, iba a cerrar la Primera Parte y no empezar la Segunda, como estaba en el programa. Hizo notar que se trata de la Marcha de Granaderos, casi un himno español porque era la que escuchaban los soldados que vencieron al ejército napoleónico. No aclaró que se trató de un estreno en la CABA. Es otro ejemplo de la fascinación de los rusos con la música española, como la Jota aragonesa de Glinka y el Capricho español de Rimsky-Korsakov. La Obertura es extensa (casi 14 minutos) y toma la forma de tema con variaciones, con grandes contrastes dinámicos; Balakirev fue un gran orquestador. Lo escribió muy joven, en 1857, a 20 años; pero lo revisó y reorquestó en 1886; existe una grabación de Svetlanov con otras oberturas del mismo autor. El tema de la marcha le fue entregado por Glinka, su maestro, que había visitado España. La versión que escuchamos lució poderosa y bien ensayada, con bronces muy seguros.

    “El amor brujo”, de Manuel de Falla, está así definido por su autor: “Gitanería en un acto y dos cuadros”. Su versión original data de 1915; con libro de Gregorio Martínez Sierra, la primera versión fue escrita para Pastora Imperio, que la estrenó en el teatro Lara de Madrid el 15 de abril. Posteriormente Falla realizó una nueva versión suprimiendo algunos fragmentos. Si bien esa versión mantuvo la presencia de una mezzosoprano cantando dos canciones, eliminó para la sala de concierto las partes habladas, numerosas en el original.  García-Vidal nos hizo escuchar algunos fragmentos musicales generalmente suprimidos, pero nos dio en concierto algo que debe ser visto en un teatro con la orquesta en el foso. Fueron nada menos que 16 fragmentos en unos 40 minutos contando lo hablado. Fue un aporte aunque con sus bemoles. El director conoce a fondo esta música y la comunicó con refinamiento a una orquesta que dio un excelente resultado; no hay que olvidar que Falla estudió con Debussy y logra ambientaciones impresionistas; pero siguiendo la historia fantasmal agrega aspectos expresionistas. Por otra parte, Bazán actuó  con pasión su personaje de Candelas, gitana joven enamorada de un hombre libertino y celoso; éste murió pero ella cree ver su fantasma. Tras una Introducción y escena en una cueva de gitanos, ella expresa su angustia en la Canción del amor dolido. Tras un Sortilegio, la famosa Danza ritual del fuego (que ella baila a medias); una escena llamada “El amor vulgar” lleva al Romance del pescador, muy bello, y a un Intermedio (Pantomima) con el que concluye el Cuadro primero. El Cuadro segundo se inicia con la presencia del Espectro, la Escena del terror, seguida de la Danza del fuego fatuo o Danza del terror, un Interludio denominado Alucinaciones y la Canción del fuego fatuo (supuestamente cantada por una amiga de Candelas). Carmelo ha logrado enamorar a Candelas pero para quebrar el conjuro del Espectro, Lucía coquetea con el Espectro y así éste no ve el beso de amor de Carmelo y Candelas, que destruye los maleficios espectrales. Los fragmentos finales son el “Conjuro para reconquistar el amor perdido”, la Escena denominada “El amor popular”, La Danza y canción del juego de amor y Final, “Las campanas del amanecer”, que iluminará el nuevo amor de Candelas, ya liberada del Espectro. El español andaluz nos es algo difícil a los porteños pero Bazán actuó con intensidad y transmitió el personaje; su canto fue más controlado; su danza bastante escasa. En la versión de concierto no hay visible ni Espectro, ni Lucía, ni Carmelo ni pueblo. Sería interesante verla como Martínez Sierra y Falla la concibieron, con todos los elementos teatrales. 

 


SINFÓNICA JUVENIL NACIONAL JOSÉ DE SAN MARTÍN

 

    Andrés Tolcachir es titular de la Orquesta Sinfónica del Neuquén e invitado por el Mozarteum la trajo varias veces a la CABA; ya van bastantes años de trabajo y ha logrado para la orquesta un repertorio amplio; este año se animan a hacer “El Holandés errante” de Wagner con Iturralde. Tolcachir fue alumno entre otros de Mario Benzecry, quien lo invitó a dirigir la Juvenil San Martín. Su preparación es amplia; estudió en la UCA con Scarabino, en la Accademia Chigiana de Siena, en la Universidad de indiana, con Gelmetti y Baldner; y se presentó no sólo con múltiples orquestas argentinas, también con la Sinfónica Simón Bolívar y en orquestas europeas como la  Filarmónica de Dresden y las de Cámara de Viena y Prusia.

    Ya expresé muchas veces que la Juvenil San Martín está atravesando años muy fructíferos y que su calidad es de gran nivel. Este programa, muy interesante, lo confirmó. Se inició con la Misa de pájaros II de Marta Lambertini, y su inclusión tocó una fibra mía muy emotiva, porque Marta fue no sólo una valiosa compositora sino una gran amiga; Caamaño implantó la cátedra de Apreciación Musical en la Facultad de Música de la UCA, y Marta y yo la dictamos juntos, primera cátedra para ambos, hace ya medio siglo. Mucho más tarde, cuando ella fue Decana de la Facultad, creó un Centro de Graduados para estimular el reconocimiento de los que estudiaron composición en la UCA, y formé parte de su equipo en los años que duró.  Además ella y Gerardo Gandini (que fue mi maestro en Historia de la Música contemporánea) tenían una estrecha amistad y cuando Gandini le comentó que necesitaba un asistente-asesor, Martha sugirió mi nombre y pasé a trabajar con Gandini en el Colón. En cuanto a la composición, Marta supo mostrar su vis cómica en “Cenicientaaa!” pero también compuso obras derivadas de su profundo conocimiento del Medioevo; curiosamente un campo donde yo también trabajé como integrante del conjunto Ars Rediviva. Fue en el Colón donde escuché las dos composiciones orquestales que ella denominó “Misa de pájaros” y que me parecieron en su momento admirables ejemplos de fusión estilística de medieval y moderno y además de un impresionante poder de síntesis. Nada menos que 8 piezas se suceden en 11 minutos: un Introito sutil y descendente; un Agnus Dei a la vez rítmico moderno pero con armonías medievales; el Canto I es lento y bastante contemporáneo; sigue una muy breve y rápida “Der Juden Tanz” (“La danza judía”), totalmente medieval; el Canto II  es melódico, en flauta y clarinete, pero con ritmo marcado por la percusión; “El cazador maldito” parece referirse a un cazador de pájaros porque hay alusiones al canto de pájaros: un nuevo Agnus Dei me sorprendió por sus efectos klezmer judíos y también porque aparecen los pájaros; y concluye con un bello nocturno cuya melodía es expuesta por el clarinete. La versión de Tolcachir y de la Orquesta captó el espíritu y la letra de esta obra tan original.

    Carl Reinecke tuvo larga vida (1824-1910) y fue prolífico dentro de un estilo netamente romántico; su Concierto para flauta y orquesta en Re mayor, op. 283, data de 1908; tenía nada menos que 84 años pero la obra está bien escrita y es muy grata, sin señales de  declinación. Fue solista Francisco Ramírez, uno de los cinco flautistas de la Juvenil; chaqueño y de sólo 19 años, ya a los 14 formó parte de la Sinfónica del Chaco; a los 16 entró al ISATC y fue discípulo de Barile y De la Vega; este año entró a la Escola Superior de Música de Catalunya. En plena adolescencia trabajó con varias orquestas argentinas, incluso la Estable del Colón. Es un indudable talento joven y fue muy positivo escucharlo en esta música melódica y expresiva, fraseada con seguridad técnica y buen gusto, y muy bien acompañada por la Orquesta.

     Hace unas semanas me referí a la excelente versión de la Filarmónica dirigida por Axelrod de las “Danzas sinfónicas” de Rachmaninov y dejé en claro que la considero una obra maestra.  Sin llegar a un plano tan exaltado, la interpretación de Tolcachir y la Juvenil tuvo muy buen nivel, donde se apreció el sólido control del director y su dominio de una partitura muy difícil y variada; los distintos estamentos de la orquesta respondieron con disciplina y serio estudio. El concierto se realizó en la Ballena Azul el 18 de agosto a las 11,30.

 


ORQUESTA SINFÓNICA PROVINCIAL DE SANTA FE

 

    Fue creada el 29 de mayo de 1956 y tuvo considerable actividad desde entonces dando conciertos pero también a veces interviniendo en óperas y ballets. Recuerdo una etapa inicial durante la cual fue dirigida por Washington Castro. El concierto que comento tuvo lugar en el Colón el 25 de agosto a las 11 hs, y lo dirigió Walter Hilgers, su actual titular. La magra información del programa de mano sirve para poco y es injusta, ya que las orquestas del Interior rara vez actúan en el Colón: merecen un texto más informativo y largo, ya que el objetivo es conocerlos no sólo cómo están ahora sino cómo fue su historia. Hilgers aparenta tener unos 50 años; nació en Stolberg, pueblo muy cercano a Aachen, donde estudió tuba, contrabajo y piano en la Universidad de Música. Ha tenido notable carrera como tubista, formando parte sucesivamente de la Filarmónica del Estado de Hamburgo, también en Hamburgo de la Sinfónica NDR, la Orquesta del Festival de Bayreuth y la Filarmónica de Viena. Y formó parte durante 25 años del ensamble German Brass (figura en inglés en el programa). En ninguna parte se aclara dónde y desde cuándo estudió dirección de orquesta; quizá es autodidacta. Es director desde 2017 de la Orquesta de Santa Fe y desde 2016 de la Filarmónica Constantinescu de Ploiesti (Rumania). 

    La Sinfónica de Santa Fe es una orquesta relativamente chica, de 74 ejecutantes, lo cual la deja fuera de posibilidad de tocar Strauss o Mahler pero en cambio queda amplia para interpretar Haydn y Beethoven, los compositores que Hilgers eligió. El programa no tuvo intervalo pese a durar 75 minutos. Me dicen que muchos de sus músicos también pertenecen a la Sinfónica de Entre Ríos; no me extraña, ya que allí está el túnel que une a Santa Fe con Paraná.

    Una versión muy ortodoxa de la Obertura “Coriolano” de Beethoven demostró que Hilgers ha tenido buena formación; la orquesta sonó muy competente. Siguió esa bella obra tardía, la Sinfonía Concertante en Si bemol, de Joseph Haydn, con dos maderas y dos cuerdas solistas; la escuchamos el año pasado por los solistas y sus compañeros de la Orquesta de la Filarmónica de Israel dirigida por Mehta y fue un verdadero placer. También lo fue con los muy eficaces solistas santafesinos: Hernán Garreffa, oboe; Fabián Contreras, fagot; Gonzalo Beltrán, violín; y Fernando Gentile, violoncelo. Se destacó el recitativo de violín que lleva al Finale. La música fluyó con esa naturalidad y simpatía que irradia la música del Haydn tardío.

    El bastante conocido concierto para trompeta y orquesta en Mi bemol, Hob.VIIe/1, es un Haydn creado en plena fama en 1796, al límite del período clásico, y es justamente famoso, contando con múltiples grabaciones. El solista fue Peter Dörpinghaus, que no integra la orquesta ni figuraba su biografía; ¿un amigo de Hilgers? Quizá. Su actuación fue despareja; el Allegro inicial anduvo bien hasta que llegó el momento de la cadenza, que me pareció fea (sin duda, no de Haydn) y fue tocada con errores considerables; y en el Finale algún  agudo donó destemplado. Sin embargo buena parte estuvo bastante bien fraseada y en estilo. Y la orquesta acompañó adecuadamente con la firme mano del director.

    La Segunda sinfonía, op.36, es la menos tocada de Beethoven, pero la defiendo: es muy bella música y ya bien característica del autor. El primer movimiento sigue el ejemplo de Haydn: un Adagio molto que lleva a un Allegro con brio brillante.El Larghetto es grato y sin problemas, el Scherzo bien característico y el Allegro molto final, chispeante. Hilgers la llevó de manera muy convincente y bien ensayada, y la orquesta confirmó que es un organismo sano. Fue útil conocerla.

 
 



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